Excusario de junio.

Junio 21, 2009 by McManus

Don Ramírez, de Linares, nos envía esta excelente excusa. Y entre varias que nos enviaron ciudadanos de toda España, la escogimos inmediatamente como la ganadora.

La Mafia Calabresa, mediante cuatro fornidos y nada honrados campesinos italianos, se llevó mis deberes realizados con exorbitante esfuerzo, querida profesora. Como puede ver en mi tersa e inmaculada piel hasta límites insospechados, no se personaron en mi casa pero me empujaron y me emplearon como saco para probar sus puños y puñales. Todo ello ocurrió de mentira, a la vez que me sentaba plácidamente en mi sofá, mutilando todas mis voluntades para abrir esa mochilita. Repito, ¡me hicieron mucho daño! ¡Buaaaa! ¡Quiero dibujar una lágrima en mi jeta de mentiroso!

Etimología del día.

Mayo 5, 2009 by McManus

Hoy hablaremos de la curiosa etimología de la palabra maremoto.
Mare-moto: Madre como moto.

En primer lugar, nos ocuparemos de la palabra “madre” en términos lingüísticos e históricos. Nótese que la palabra “mare” significa madre en andaluz, lenguaje representativo de una cultura que veía al Agua, en especial el Mar, como la Madre que nos amamantaba. Aquella cultura tiene escasa representación hoy en día, pero perdura en nuestra lengua con términos como el que reseñamos.

Ahora hablemos de la otra parte, “moto”, presente tanto en la cultura andaluza como en la castellana. Conocemos la expresión castiza “ponerse como una moto”, que significa excitación. En aquella unión de palabras, se sobreeentiende que “mare” y “moto” juntas representan a la Madre Agua excitada y de ello deriva el significado actual: ola gigantesca y violenta. Aparte, hay que hacer una pequeña referencia cultural sobre la moto en nuestra sociedad: a menudo significa desenfreno y rabia. Y una ola gigante y desbocada cumple muy bien con dichos significados.

Resumiendo, maremoto es un concepto muy andaluz y bastante paradójico pues bien se sabe que esas olas no suelen caer por estas tierras, sino en otros lugares.

Fusilamiento teatral.

Abril 11, 2009 by McManus

Y detrás del telón rojo, un fusilamiento de los buenos… Se oye el disparo sincero del Teniente Antonio Coronel. Cae mal bicho… Sangre es real y tan roja como sus repelentes ideas… Ese chico, llamado Juan Valerio, ha dejado de latir… Se abre el telón. Tal escena ha ocurrido, es real… Pedimos aplausos, espectadores… ¡Con qué intensidad, del primer al último asiento, baten las palmas estos bellos, castos y muy españoles mozos! …Les doy las gracias, me despido…

Transcripción inconexa y confusa de un comentarista del Teatro Real de Castellón, en 1941, cuando se permitían las ejecuciones públicas más inverosímiles en la gris España de Franco.

Españeando, el documental. Capítulo 3 – Jonás, el hombre que pinta todos los graffitis de España.

Marzo 29, 2009 by McManus

Con cámara en ristre, el señor McNamara va cansándose a pasos agigantados por las aceras de Madrid. Yo, en la misma tesitura que mi compañero de cámaras, me cuesta sostener la libreta a la vez que jadeo de vez en cuando y empiezo a sudar a mares. De repente, conocemos en plena faena a un hombre junto a una sección del canal de Isabel II que es nuestra bendición y que dará sentido a este capítulo. Tras un rápido diálogo, dice ser el chaval que hace todas las pintadas de España y tiene nombre, como todos, Jonás, aunque insiste en que debemos eliminar la, según él, molesta tilde de su nombre que le haría, en teoría, gastar más dinero en aerosoles.

Abandona su trabajo a medias sobre una sección del canal de Isabel II y nos enseña uno de sus primeros trabajos; una mala pintada en un edificio residencial corriente que nadie se ha molestado en limpiarla a lo largo de estos años. Reza así, “VANE X JONAS”. Jonás dice que fue su primera pintada, allá por 2005, “cuando nadie sabía qué cojones era eso del graffiti”. 45 minutos y algunos miles de metros después, tras señalar vagamente con su mano muchas de sus obras sin dedicar comentario alguno, se detiene ante una de, para él, sus mejores obras. Una cara cutre y un mensaje que dice “Bela Lugosi 4ever”. Contradiciéndose en sus impresiones, nuestro hombre declara: “Era una mierda dibujando, después mejoré”.

Tratando de confirmarlo, se acuerda y nos lleva a un río cercano. “Y ahí, en ese muro, pinté ese genial dibujo. ¿A qué mola?”, nos relata el joven. Asentimos impresionados por esta obra maestra del graffiti, es entonces cuando nos lleva a una tienda en donde compra sus aperos para ensuciar paredes. Con nuestros pies allá, ese buen hombre cambia su actitud de repente y agita su cabeza como tratando de negar la dolorosa evidencia que vemos; siete hombres en la fila comprando aerosoles. Una ráfaga de aire repentina sentimos, es el mismo Jonás huyendo a una gran velocidad y gritando sin ton ni son.

Y terminamos, por hoy, este capítulo encogiéndonos de hombros en esta nación de locos llamada España.

Las fronteras de Sakonia.

Marzo 1, 2009 by McManus

Se es consciente de tener la gloria ilimitada de vivir en un país diminuto, prácticamente microscópico. Esa sonrisa que a uno, orgulloso habitante sakonio henchido de alegría tras una cálida y breve fogata a la cual contribuyó con su extinto pasaporte español y dos cartas del Estado Español, sólo le trae relleno de goce, también nos trae el más elevado de los goces y nos insta a invitar a fabricantes de murallas y alambrados.

Con nuestros candentes y convincentes argumentos bien insertados en sus orejas, deben invertir sus dineros, que no serán muchos, en proteger la Nueva Nación de los graciosos y pésimos opresores españoles lanza-piedras. No podemos permitir que nuestros baluartes de futuro, esas preciadas alhajas que responden al nombre de “pueblo”, sufran cavernícolas gritos íberos ni contacten con los brutales objetos de esos sucios bárbaros.

2, 4, 8, 16 y 32 metros… Cuestiones geométricas que decidirán la suprema y notable protección de Sakonia. Personalmente, pienso que lo mejor son treinta y dos metros. ¿Por qué? Con una muralla a 32 metros que se pierde en las miopes visiones de los ya débiles íberos, ese corriente y moliente pueblo de escaso valor que tendrá que observar detenidamente cómo sus objetos arrojadizos impactarán en la poderosa e impenetrable protección sakonia y se quedarán en la vulgar España, se verá como por mil años Sakonia será invulnerable a todo tipo de sucias agresiones.

¡Toldos preciosos de color verde adornan las 24 horas del día la gloriosa república de Sakonia! ¡Por Sakonia doblaremos las dos rodillas! ¡Sakonia! ¡Sakonia!

El día de la independencia.

Febrero 27, 2009 by McManus

Asumida ya la carencia de dependencia total del decadente reino español, Sakonia lanzará al aire cuarenta y ocho bengalas de excelente calidad que saldrán por un módico precio del negocio patrio, nada menos que los internacionalmente famosos “todo a cien”. Estallarán en el aire, dibujarán sonrisas en la ciudadanía sakonia y harán rabiar de envidia a los brutos madrileños que observarán el espectáculo sin saber lo que se cuece más allá de nuestras sólidas murallas.

Al son de Jabón Lagarto, música nacional de calidad, agitaremos intensamente nuestras banderas y nos fundiremos en un gran abrazo de comunidad, un abrazo que quitará el hipo al neutral sin patria y dará a conocer la diminuta magnificencia de Sakonia. Y bajo el abrazo desnudo de las estrellas de nuestro precioso y único cielo, sucederá un fulgor de enorme magnificencia y con nombre, “La Gran Fogata”. Después de tener nuestros cuerpos conjuntados y calientes, buscaremos entre nuestros bolsillos los enseres que nos recuerdan que antaño vivíamos en la inmundicia española.

Principalmente, de llama débil e indigna alimentada por ramas pequeñas pasará a ser una llama enorme, intensa y viva que recordará nuestra fuerza como pueblo unido. En vez de arrancar la preciada madera de los árboles sakonios con atroces hachas, lanzaremos cartas del Estado Español, documentos no-nacionales de identificación y pasaportes bárbaros que muestran el cutre logotipo de España. Material de utilidad, sin duda, para alimentar fuegos variados.

Todo ello, bajo una noche fresca de verano con hermosas estrellas y una luna en excelente estado, será la consolidación de este proceso de independencia y obligará a los fabricantes de mapas de Madrid a colocar a Sakonia como una excepción aparte, un grano persistente en la grandeza fútil de Madrid.

¡Andemos por Sakonia! ¡Sakonia! ¡Sakonia!

Pensamientos interiores ante un cartucho de nada.

Febrero 21, 2009 by McManus

Ante un mancillado escaparate de una tienda de segunda mano repleto de videojuegos andrajosos, ¿qué podía hacer? Salivaba, perdiéndose la baba a lo largo y ancho de mi barba. ¿Qué diablos hacía? Simplemente admiraba un cartucho negro para la Game Boy Color compatible con viejos modelos de ese trasto de Nintendo. Sus clásicos relieves, los presentes en todo cartucho de ese tipo, no me amaban. Mire más abajo y entonces fue cuando empecé a derramar saliva por mis labios para caer en el infinito de la barbilla; ¡sí me amaban! Su pegatina, tan genérica ella, decía “Barbie: Aventura Submarina”, con una imagen borrosa en primer plano que mostraba a Barbie-Difusa en miniatura. Valía tres euros de nada, pero… ¡ay de mí! En mis bolsillos el vacío absoluto sólo conocía. Salí con congoja y un alma en pena. No iba a poder gozar de esos niveles de agua con los que jamás gozaba en videojuego alguno.

Popularidad al hoyo, modestia para la victoria.

Febrero 5, 2009 by McManus

Observo, consternado, un espectáculo en el Palacio de los Deportes, en Madrid. Son los octavos del campeonato mundial de lucha. En una esquina, la roja, está un hombre de preciosa tez, un cuerpo inimaginable en el triste mundo real, con unas manos acreedoras de un mandoble tremendo de hoja opípara, un peinado técnicamente imposible en muchas partes del planeta, perfectamente rubio, y unos penetrantes ojos azules. En las gradas vecinas veo a muchas causantes de mi congoja. Jovencitas de quince años alocadas que no paran de gritar y de aprovechar sus hormonas por ese hombrecito, de nombre Maghtaris, que me suena de algún videojuego ignoto de salvar al mundo y demás bla-bla.

No obstante, la otra esquina me ofrece alegría. Somos pocos pero cuerdos los animadores del otro combatiente, Manuel Cerro, un viejo compañero mío en el ejército español y enorme militar. Con ropa sencilla, una cara ordinaria, sin ese papel de favoritismo que se adjudica según popularismo, y equipado con una CETME de modelo C, coloca correctamente sus pies en la azulada esquina y espera impacientemente una señal del árbitro.

Así pues, el combate empieza y termina. Mientras tanto, sólo he podido llevarme cinco patatas a la boca de esa bolsa pequeña y carísima. Con celeridad y extrema disciplina militar, Manuel aprieta a fondo el gatillo nada más oír el pitido de comienzo. Unas balas infernales y velocísimas salen de aquel cañón. Puntuales y directas, se dirigen al cuerpo de Maghtaris, que empuña estúpidamente su espada para regodearse. Una sensación de regocijo me inunda. Observo cómo ese cuerpo de dos metros se convierte en muñeco de trapo tras dejar pasar a esas balas. Y el señor Cerro sonriendo levemente tras su brutal asesinato a sangre fría.

Y así, con tamaña velocidad, Manuel Cerro es declarado ganador, a pocos metros de un cuerpo inerte y tumbado en el suelo dejando un charco de sangre que la organización limpiará sin inmutarse. Se retira a aquellos infinitos e íntimos vestuarios, entre fanáticas del finado que están en plena acción: vivos chillidos con breve contenido: “¡Asesino!” y comida que se desperdicia en dirección a ese militar patrio.

Ya no veo ni un poro de la piel de Manuel, bien arraigado en el vestuario. Salgo del estadio tras una brevísima estancia y un tiempo malamente rentabilizado. 7 minutos a ojo de buen cubero por 35 euros de entrada en una grada decente y una cola de 5 horas y 38 minutos. Al menos me consuela saber que Maghtaris no volverá a pisar el vestuario. Pasará sus próximas horas entre bolsas de plástico negras para viajar gratis en un Mercedes modificado al inmenso cementerio local que poseemos.

Ser rico en cinco segundos…

Enero 22, 2009 by McManus

Un hombre de 33 años. Despistado. Con las manos cerca del trasero y de pie contemplando de reojo ese programa para ser rico que luchaba contra 96 programas similares en la televisión nacional por su trocito de la tarta del público. Del infernal altavoz estropeado de ese dichoso televisor salió un mensaje entre sonidos metálicos: “¡USTED PUEDE SER RICO!”. El humano, en su más elevada ingenuidad, se dio la vuelta y pisó sin querer ni mirar una pelota de goma que descansaba en el suelo. No se dio cuenta, estaba centrado en una ausente montaña de dinero que aparecía en el sofá, según la atenta visión de su cerebro. Se lanzó al mullido mueble y jugó con el simpático aire. A continuación, se pudo observar cómo no se preocupaba por esos billetes que, en teoría, habían volado para colarse por esos recónditos sitios. Y se durmió sin más. Eran las tres de la madrugada.

Peñasco sobre buitre, una visión rápida.

Enero 20, 2009 by McManus

Erick González, crítico profesional de arte.

No se duda si tenemos que optar por el último grito en el arte oficial. La obra de Juan Castellanos, “Peñasco sobre buitre”, merece todas nuestras atenciones. Bella y efímera como ella sola -el buitre es auténtico-, impresiona a toda clase de espectador por lo arriesgada de la propuesta; un buitre muerto debajo de una piedra grande.

Nunca se había visto algo semejante en una feria de arte; el genuino rastro de sangre reseco acerca a quien lo contempla a un espectáculo onírico de huesos partidos, plumas sueltas, alas en desuso y vísceras aplastadas que se exhiben para deleite de ese mismo curioso. Todos estos aspectos, unido a la crítica poco fundamentada de muchos detractores, contribuirán a construir un mito eterno alrededor de esta obra.

La breve explicación que dio el responsable de esta obra, “esta obra la he realizado para demostrar al mundo que si nosotros no lo hacemos, la Naturaleza mata”, es la mejor y más precisa para comprender en todo su esplendor el encanto y trasfondo de una de las mejores apuestas artísticas de la última década.

En palabras personales del autor de esta crítica, representa el sadismo que la Naturaleza puede llegar a acumular y cree que pasará a ser una anécdota destacada en los mejores libros de historia del arte. Y da un consejo: corran a verla, que es una obra artística efímera.