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Las fronteras de Sakonia.

Marzo 1, 2009

Se es consciente de tener la gloria ilimitada de vivir en un país diminuto, prácticamente microscópico. Esa sonrisa que a uno, orgulloso habitante sakonio henchido de alegría tras una cálida y breve fogata a la cual contribuyó con su extinto pasaporte español y dos cartas del Estado Español, sólo le trae relleno de goce, también nos trae el más elevado de los goces y nos insta a invitar a fabricantes de murallas y alambrados.

Con nuestros candentes y convincentes argumentos bien insertados en sus orejas, deben invertir sus dineros, que no serán muchos, en proteger la Nueva Nación de los graciosos y pésimos opresores españoles lanza-piedras. No podemos permitir que nuestros baluartes de futuro, esas preciadas alhajas que responden al nombre de “pueblo”, sufran cavernícolas gritos íberos ni contacten con los brutales objetos de esos sucios bárbaros.

2, 4, 8, 16 y 32 metros… Cuestiones geométricas que decidirán la suprema y notable protección de Sakonia. Personalmente, pienso que lo mejor son treinta y dos metros. ¿Por qué? Con una muralla a 32 metros que se pierde en las miopes visiones de los ya débiles íberos, ese corriente y moliente pueblo de escaso valor que tendrá que observar detenidamente cómo sus objetos arrojadizos impactarán en la poderosa e impenetrable protección sakonia y se quedarán en la vulgar España, se verá como por mil años Sakonia será invulnerable a todo tipo de sucias agresiones.

¡Toldos preciosos de color verde adornan las 24 horas del día la gloriosa república de Sakonia! ¡Por Sakonia doblaremos las dos rodillas! ¡Sakonia! ¡Sakonia!

El día de la independencia.

Febrero 27, 2009

Asumida ya la carencia de dependencia total del decadente reino español, Sakonia lanzará al aire cuarenta y ocho bengalas de excelente calidad que saldrán por un módico precio del negocio patrio, nada menos que los internacionalmente famosos “todo a cien”. Estallarán en el aire, dibujarán sonrisas en la ciudadanía sakonia y harán rabiar de envidia a los brutos madrileños que observarán el espectáculo sin saber lo que se cuece más allá de nuestras sólidas murallas.

Al son de Jabón Lagarto, música nacional de calidad, agitaremos intensamente nuestras banderas y nos fundiremos en un gran abrazo de comunidad, un abrazo que quitará el hipo al neutral sin patria y dará a conocer la diminuta magnificencia de Sakonia. Y bajo el abrazo desnudo de las estrellas de nuestro precioso y único cielo, sucederá un fulgor de enorme magnificencia y con nombre, “La Gran Fogata”. Después de tener nuestros cuerpos conjuntados y calientes, buscaremos entre nuestros bolsillos los enseres que nos recuerdan que antaño vivíamos en la inmundicia española.

Principalmente, de llama débil e indigna alimentada por ramas pequeñas pasará a ser una llama enorme, intensa y viva que recordará nuestra fuerza como pueblo unido. En vez de arrancar la preciada madera de los árboles sakonios con atroces hachas, lanzaremos cartas del Estado Español, documentos no-nacionales de identificación y pasaportes bárbaros que muestran el cutre logotipo de España. Material de utilidad, sin duda, para alimentar fuegos variados.

Todo ello, bajo una noche fresca de verano con hermosas estrellas y una luna en excelente estado, será la consolidación de este proceso de independencia y obligará a los fabricantes de mapas de Madrid a colocar a Sakonia como una excepción aparte, un grano persistente en la grandeza fútil de Madrid.

¡Andemos por Sakonia! ¡Sakonia! ¡Sakonia!