Archivos de la categoría ‘Epopeyas y leyendas urbanas’

Popularidad al hoyo, modestia para la victoria.

Febrero 5, 2009

Observo, consternado, un espectáculo en el Palacio de los Deportes, en Madrid. Son los octavos del campeonato mundial de lucha. En una esquina, la roja, está un hombre de preciosa tez, un cuerpo inimaginable en el triste mundo real, con unas manos acreedoras de un mandoble tremendo de hoja opípara, un peinado técnicamente imposible en muchas partes del planeta, perfectamente rubio, y unos penetrantes ojos azules. En las gradas vecinas veo a muchas causantes de mi congoja. Jovencitas de quince años alocadas que no paran de gritar y de aprovechar sus hormonas por ese hombrecito, de nombre Maghtaris, que me suena de algún videojuego ignoto de salvar al mundo y demás bla-bla.

No obstante, la otra esquina me ofrece alegría. Somos pocos pero cuerdos los animadores del otro combatiente, Manuel Cerro, un viejo compañero mío en el ejército español y enorme militar. Con ropa sencilla, una cara ordinaria, sin ese papel de favoritismo que se adjudica según popularismo, y equipado con una CETME de modelo C, coloca correctamente sus pies en la azulada esquina y espera impacientemente una señal del árbitro.

Así pues, el combate empieza y termina. Mientras tanto, sólo he podido llevarme cinco patatas a la boca de esa bolsa pequeña y carísima. Con celeridad y extrema disciplina militar, Manuel aprieta a fondo el gatillo nada más oír el pitido de comienzo. Unas balas infernales y velocísimas salen de aquel cañón. Puntuales y directas, se dirigen al cuerpo de Maghtaris, que empuña estúpidamente su espada para regodearse. Una sensación de regocijo me inunda. Observo cómo ese cuerpo de dos metros se convierte en muñeco de trapo tras dejar pasar a esas balas. Y el señor Cerro sonriendo levemente tras su brutal asesinato a sangre fría.

Y así, con tamaña velocidad, Manuel Cerro es declarado ganador, a pocos metros de un cuerpo inerte y tumbado en el suelo dejando un charco de sangre que la organización limpiará sin inmutarse. Se retira a aquellos infinitos e íntimos vestuarios, entre fanáticas del finado que están en plena acción: vivos chillidos con breve contenido: “¡Asesino!” y comida que se desperdicia en dirección a ese militar patrio.

Ya no veo ni un poro de la piel de Manuel, bien arraigado en el vestuario. Salgo del estadio tras una brevísima estancia y un tiempo malamente rentabilizado. 7 minutos a ojo de buen cubero por 35 euros de entrada en una grada decente y una cola de 5 horas y 38 minutos. Al menos me consuela saber que Maghtaris no volverá a pisar el vestuario. Pasará sus próximas horas entre bolsas de plástico negras para viajar gratis en un Mercedes modificado al inmenso cementerio local que poseemos.

Españeando – Cruel documental sobre nuestro país. Capítulo 23, el funcionariado.

Enero 16, 2009

Un hombre-palo gigantesco, nuevo funcionario estatal, está derribando un hotel ilegal situado en un acantilado de las Palmas de Gran Canaria. Extiende su pierna y con un golpe invisible arranca de cuajo bastantes plantas del hotel. Gran parte de sus huéspedes gritan al unísono “Aaaaaaaaaaaaaaaaah”. Posteriormente, el silencio y un edificio que sólo tiene sus tres primeros pisos en perfecto estado. Recepción, Los Otros, unos huéspedes sueltos, y turistas ex-inocentes huyendo sin saber a dónde ir.

En los bajos del acantilado, unos peñascos ordinarios, escombros del objetivo de ese hombre-palo gigantesco y cadáveres sueltos. Teñido de rojo por un momento. Hasta que las olas, con su infinita paciencia, disuelven esa sangre humana débil y excesivamente temporal. El escenario en donde ha tenido que actuar ese funcionario, asignado a misiones canarias, no es tan precioso como lo podríamos imaginar, es pobre. Sólo hay cielo blanco. Y subsuelo también blanco. El lugar está mal definido, sólo encontramos líneas flacas -como un intento poco creíble de imitar un acantilado o un motivo ondulado que supuestamente representa el mar-.

Es, sin duda, una escena habitual en España desde el año 2021. Es la mejor solución que ha encontrado el Gobierno para hacer cumplir la ley de Costas, que estaba bajo unos interminables cajones recolectando su cuota gratuita de polvo mientras se apoyaba la idea monótona del “especula-especula” y el voraz ladrillo colonizaba todo tipo de tierras. Tras una tormenta de ideas, debate incluido, se decantó por la opción de crear hombres-palo descomunales -50 a 60 metros de altura- y con dos frases que soltar*. Y se consideró que serían funcionarios del Estado con sus derechos, como horario de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde y derecho a baja. ¿Y qué hay de la fabricación de estos señores? Se fabrican en la periferia de Zaragoza, en una nave industrial. Se transportan adecuadamente en un camión especial a los distintos puntos del país. En el caso canario, en barco.

* En las especificaciones sobre esos gigantes dice que deberán soltar dos frases según el momento. La primera, un “¡Yo romper malo!” cuando destruye el hotel ilegal de turno. La otra, “Estado, estado. Yo ser bueno”, cuando quiere decir al Estado que ha terminado con su trabajo.


Nos alejamos un poco. Vemos un tablero de corcho con una serie de dibujos surrealistas. Y giramos la cabeza. Estamos en la oficina de un funcionario del Ministerio de Defensa que ha deleitado a nuestros oídos con fantasías oníricas sobre el futuro de España además de escenificar cuidadosamente sus ilusiones a golpe de lápiz aprovechando ese bloque de papeles que tiene sobre la mesa, aparte de malgastar chinchetas. Comprobamos por última vez la oficina. Y salimos a la calle tras pasar por rutinarios pasillos y escaleras. Año 2009. Camiones de mudanza vulgares. Peatones que no saludan. Vida urbana a la española. Ni rastro de gigantismo. Amigos, esto es la maldita realidad de España.

Escenas del Neoposmodernismo: La misma cruenta matanza.

Noviembre 21, 2008

Aquel individuo relativo, ataviado con una sotana a la cual se han incorporado variados emblemas en favor de la legalización de la dinamita y con un collar de brujo místico de alguna sociedad lejana -tenía el torso descubierto, sin camisas ni camisetas-, quería asesinar a la Virgen de Bautista brutalmente dando mucho más que dos pasos y exhibiendo parte de su brazo ante dicha futura víctima, nunca aterida de miedo en todo momento… eso era su ensoñación, camuflada como planificación rigurosa, basada en los preceptos del hiperrealismo que tenía retenidos en su acertado cerebro.

Realidad relativa, con la misma vestimenta. La escena el jueves noche era ridícula. Una cabaña vacía y completamente abandonada abierta de noche, un muchacho dando pasos atropelladamente y un brazo extendido que decidió actuar contra una figura bajita de la Virgen de Sucre, presente y de madera. El arma del crimen, un cuchillo con un filo realizado a base de semillas de sésamo pegadas. Aquel día, el dueño de dicha cabaña siguió soñando en el aire, el filo del cuchillo se rompió y la figura, a priori víctima criminal, sólo se movió 2 centímetros.

Dicho muchacho se marchó del lugar dando pasos atrás y sin dejar de repetir “¡todo es relativo!” para caerse hacia abajo en el pozo abandonado y con poca agua, momento en donde un buen y repetitivo protagonista de historias épicas debía ser devuelto a la realidad.

Caída de un coloso.

Octubre 18, 2008

Si mi cordura no me falla, en aquel momento presenciaba un bello atardecer sin lluvias de fuego; todo era normal y mis posaderas estaban reposando en la enésima colina tranquila con verdor incluido, salvo por unos molestos pisotones rutinarios que se oían desde una gran distancia. A lo lejos, observaba una aldea débilmente amurallada y montones de sombras humanas algo veloces que yo veía como pequeñas hormigas con los brazos en alto. Huían de una amenaza que aparecía ante mis ojos con sólo girar un poco mi cabeza a la derecha.

Era un coloso, que a lo lejos, no parecía tan grande. Moviendo a duras penas la cabeza y con unas manchas marrones por algunas partes de su cuerpo, el monstruo contemplaba la pequeña aldea. En aquel momento intuí, como así lo confirmaron los relatos sobre el Coloso Mecánico que leí posteriormente, que estaba obedeciendo a unas órdenes preestablecidas ante ciertas reacciones. Tomó la aldea como enemiga y, poco después, la bestia gritó de manera estentórea y con una clara intención amedrentadora.

La reacción no podía quedarse así. También incluía dar un paso, cosa fácil para un individuo sin nombre que campeaba por el mundo como yo pero difícil para un monstruo de muchas toneladas. Le vi levantar una pierna de manera muy forzada, mientras seguía con sus gritos llenos de fuerza y rabia. De repente, se le cayó una pieza negra desde su rodilla. En este preciso instante, observé en directo su más cruel caída tras aterrizar su pie derecho en la hierba, cuando el apoyo le falló y perdió el equilibrio. Un enorme ruido seco y una posterior estampa nueva del cielo, con pájaros volando a todas direcciones sin orden ni concierto fue lo que ocurrió, simplemente.

Para entonces ya no notaba presencia de personas en la aldea ni en los alrededores. Tumbado en el suelo, a pocos metros de la aldea, el coloso caído seguía gritando sin parar. “Una zona silenciosa menos”, pensé mientras me marchaba a otro sitio para ver más miserias de la Era Mecánica en nuestro mundo.

El señor que reunía a las cucarachas ante su televisor para hacer felices a los niños de la ciudad estándar #483.

Octubre 14, 2008

1. En una complicada operación de limpieza del armario tras años recibiendo con alegría a toda clase de inmundicia, el señor mayor de 38 años halló muchos ejemplares de cucaracha europea. Entonces el corazón del hombre se volvió muy tierno y adquirió una deuda con la moral.

Y él, tan bueno que era, ayudó a su moral. Las reunió ante el televisor, que emitía una serie de dibujos animados de Pacman y su horrenda música realizada a base de cucharas pegándose con latas. Los animalitos negros contemplaban con indiferencia esa pantalla brillante y ruidosa. Inmediatamente se movieron de su sitio y corretearon por donde les daba la gana, provocando el caos y el desconcierto lógico.

2. -¡Guau! ¡Lápices de colores! -dijo Juan muy pensativo-.
-¡Una pelota! -dijo María frunciendo fuertemente el ceño-.

Un diálogo entre dos niños, con elevados indicios de sabiduría, y sin que se miren a las caras. Toda una novedad. Están jugando en la arena, contemplando con total felicidad sus nuevos enseres que les aportarán interminables momentos de diversión.

Más niños en la arena. No paran de juguetear, se contactan y entonces surge la tormenta de ideas en pos de una diversión más activa…

-¿A qué no me pillas?
-¡Ja, ja, ja!
-¡Eres lento!
-¡Te chinchas!

Y así se forma una mañana muy feliz en el muy tranquilo parque de un barrio tópico.

El Terrible Apocalipsis Cani con fuego, rocas, barro y todo eso… oh, son sólo cuatro capítulos.

Septiembre 30, 2008

[...Capítulo 6 del libro del Apocalipsis Cani...]

Bah, otra estatua que se mueve. Sí que se aburren, desde luego.

Y eR_kIyO_jItAnUkOoOo aprendió mucho en el curso de formación profesional de magia blanca. Llegó a marzo, a la época de las prácticas con todo aprobado tras pelear a brazo partido por el título de la ESO, con tres profesores en el hospital que daban buena cuenta de su increíble habilidad para el combate cuerpo a cuerpo.

Probó el conjuro “Muévete, pedrusco” con una estatua de alguien subido a un caballo que residía en un parque céntrico de la capital. Entonces, luces extrañas emanaban de sus manos y el caballo empezaba a moverse con una disciplina de piedra y no se vengaba de su amo, pétreo también.

Ancianos que lo habían visto todo miraban impasibles el acontecimiento que ocurría en Plaza España. Un caballo y su señor yendo por ahí aleatoriamente. Al final tropezaron con un obstáculo de piedra, así que cayeron y se transformaron en miles de piedrecitas. Para aquel entonces, eR_kIyO_jItAnUkOoOo había desaparecido del lugar pidiendo porros en una esquina oscura a una inocente rosa con espinas.

[...Capítulo 11 del libro del Apocalipsis Cani...]

La estadística de escaleras que se caen por influencia de terceras personas se incrementó aquel día…

Un joven de baja estrofa, conocido como un integrante más de una tribu urbana llamada cani, arrea una simple patada sin mucha historia a una escalera. Un cuerpo humano sin posibilidad de reacción, salvo arrear patadas para tratar de vencer al aire, cae y, por casualidades de su vida, conecta la nuca con un cojín en vez del aparato de vídeo que hay al lado, evitando así el primer homicidio voluntario del malhechor, aunque éste se marcha riéndose de manera estentórea. Poco después, el vídeo salta a los medios de comunicación y es retirado por YouTube.

Demasiado tarde. Ha saltado a muchos otros lugares. El culpable es condenado a tres días en una habitación normal de una mansión de lujo. Un castigo demasiado severo, dicen sus padres. Hay protestas multitudinarias por Sevilla reclamando la libertad del recluso argumentando que está injustamente encerrado en una habitación terriblemente opresora con camas de 3.000 €, ordenadores muy caros, el mejor aire acondicionado del mundo y 112 metros cuadrados de tamaño.

El malhechor es bueno, buenísimo para ellos. Asociaciones de defensa al menor piden que el castigo para jóvenes como ésos, sufridores de tal brutal represión, sea setenta y cinco minutos en una mansión todavía más grande con una Playstation 2 y el Need for Speed, el Pro Evolution Soccer y el Grand Theft Auto.

Por otro lado, los omnipresentes detractores han solicitado el castigo mediante el método del gancho, consistente en clavar con un gancho gordo el abdomen del malhechor, subir la grúa y dejarlo colgado. Según ellos, sólo hay que esperar un poquito para que la víctima contemple cómo su piel y músculos se desgarran asombrosamente para morir inevitablemente. Por supuesto, la opinión de estos últimos ha sido tachada de fascista y reaccionaria por grupos progresistas.

En estos momentos, después del segundo día de penitencia, tras las reacciones favorables de los partidarios, el delincuente ha sido liberado por la Junta de Andalucía y se le colmará de riquezas. Le pagarán un millón de euros al día.

[...Capítulo 44 del libro del Apocalipsis Cani...]

Hoy una puerta empeoró un poco debido a que alguien le dio un incorrecto uso.

-¡Blam! ¡Blam! ¡VIEJA, CORRE Y MÍRAME! ¿A QUÉ MOLO?

Una señora de 101 años hacía un esfuerzo por acudir a tiempo a la atenta llamada de Juan, que llamaba con los pies empleando movimientos bruscos con la pierna derecha a las seis de la madrugada además de hablar de manera estentórea. Quería enseñar a su bisabuela las alhajas que se había comprado.

[...Capítulo 81 del libro del Apocalipsis Cani...]

Y las asociaciones compraron un nuevo remedio anti-realidad efectivo…

La delincuencia juvenil ha aumentado otro tanto, pero no pasa nada. Las asociaciones siguen describiendo la cultura cani como algo lleno de cordialidad, paz y solidaridad (dibujan una margarita y un corazón en honor a esa tribu urbana). A cinco metros del local en donde se establece una asociación de éstas, Provida joven, otro cani prueba su bazooka reventando un coche en donde viajaba una familia entera hacia Huelva.

Provida joven ha realizado unas declaraciones al respecto: “Sin duda, es otra muestra de la efusividad de nuestra juventud. Quieren expresar que ellos son alegres y creativos, que los adultos reprimimos mucho sus desmanes. ¡Sólo son inocentes personas que quieren mejorar nuestro mundo!”.

¡Instantromance! ¡Su nuevo producto!

Septiembre 25, 2008

Hubo un tiempo en que… Déjenme que les cuente una hermosa historia de amor en un reino muy, muy cercano…

Me enamoré rápidamente de las croquetas que hacía mi madre, aunque fue un amor demasiado efímero. Nuestro polígamo romance duró lo que tardaba en recorrer el pasillo. A la croqueta número 3, que observó como mis dos anteriores novias pasaban a mi boca, le hubiera gustado que yo la amara en un lugar más normal como el comedor y de manera más lenta, la verdad. Se quejaba de mi voracidad…

Héroe tremendo de la Revolución.

Septiembre 6, 2008

Juan Gervasio, el Gran Revolucionario. No importaba que tuviera una pantalla de plasma, doce consolas, tres ordenadores, un teléfono móvil de lujo y todos esos trastos, aparte del aire acondicionado prendido a 21 grados. Nada de eso, señores. Posó para la webcam de su portátil caro. Enseñó sus dos manos con el dedo corazón erecto en ambas a la vez que gritaba ¡CAPITALISMO! durante 13 segundos exactos. Terminó de grabar. Lo subió al YouTube, en donde su gloriosa hazaña sería contemplada con admiración durante semanas y semanas por internautas anónimos que dejarían amables comentarios como “Vaya ponzoña de vídeo”, “IJO D UTA” o “balla mier”.

Su gesto fue apreciado por intelectuales de todo el mundo, que le incluirían en la lista de mayores ideólogos de la Revolución. Fue aclamado en su facultad como el gran héroe que lucharía contra el Malvado Imperialismo y lo derrotaría. Tenían las esperanzas puestas en él, El Elegido. Eso sí, en el fondo todos ellos rezaban oraciones de auxilio a quien hiciera falta en ese preciso momento y escupían en el suelo pensando en ese vídeo del YouTube.

Contables y dragones

Julio 7, 2008

El contable Eustaquio, tan calvo -por la parte de arriba, la coronilla seguía sin querer extinguirse- e inflexible que era, salía de su casa con una increíble rectitud. Caminaba justamente en línea recta y cambiaba de dirección con una asombrosa perfección. Nada, ni un bólido, le podía desviar de su camino. Se mosqueaba un poco con sus pies cuando éstos aprovechaban la distracción momentánea de su ordenado y meticuloso cerebro para revolucionarse -tanto tranquilo le cogió a esto que sabía cómo abortar esas cosas en el espacio de pocos segundos-. Procuraba no enseñar nunca jamás la sonrisa ni reírse. A cualquiera persona le enseñaba su castellano más formal.

Pero todo puede cambiar. Tuvo un pequeño aliento de frescura en su cerebro, esa sensación que le ordenó ir al mercadillo que había en una céntrica plaza de la ciudad. Por una razón, que responde al nombre de porque sí, se enamoró de un pesado objeto negro. Una cinta de vídeo. En su organización de preciosa seda, se acordó de que tenía que reutilizar su aparato de vídeo. Había estudiado a fondo la rentabilidad económica de un reproductor de DVD. Demasiado ruinoso, se lamentaba él.

Tiró un billete arrugado al vendedor y se llevó el VHS, en contra de las crónicas oficiales que comentaban una perfecta actitud del contable a la hora de comprarlo. ¿Para qué comentar una larga y preciosa vuelta a casa? Digamos que pasó a otro espacio del tiempo en donde encendió su aparato de vídeo. Tras el evidente ruido ochentero del vídeo y la figura no tan evidente que aparecía, se oía un mensaje: “El gran dragón verde con llamas moradas se encuentra en el sótano del edificio Windsor”. Pensando que se trataba de un loco fanático que aprendía a usar su cámara de vídeo, le creyó. Su mamá le había dicho de pequeño que cualquier loco era una fuente de confianza.

Ensayó frente a un espejo. Simuló asombro: “¿En mi propio edificio tengo un dragón, un jodido animal fantástico?”. Era su primera palabra malsonante del día. De repente, le vino una sensación de ánimo. Con paso decidido, el contable se marchó a su trabajo equipado con un poderoso maletín y unos ejemplares del boletín oficial del estado. Parecía el rey de la calle, por una vez no andaba con seriedad. Miraba descaradamente a menores de edad preocupadas por su falda exageradamente corta. Bueno, daba igual. Ya estaba en la zona financiera, en el edificio que albergaba a su trabajo.

A los goblins que vigilaban el edificio ni los miró. Pilló el peor montacargas del edificio de oficinas, equipado con cuatro diamantes -el resto tenía mucho más-, bajó de manera ligeramente accidentada, digamos que ese ascensor se sobrepasó dos milímetros en su parada, y vio a un gran ser durmiente. Gritó: “Puta, ruge”. Para aquel entonces, ya era un ser vulgar.

El dragón tópicamente se despertó, echó fuego para adornar la escena y, en un alarde de originalidad, trató de vender su jabón al contable, que lo rechazó aduciendo que debía la nómina de 1957 a Hacienda. El animalito verde, que tantas princesas aterrorizó y secuestró en sus buenos tiempos, se quedó pensando y puso cara de miedito. Se arrinconó en una esquina a la vez que el contable usaba su maletín a modo de mandoble e insultaba, adoptando la identidad de aquellos forzudos que peleaban contra los malos en esos cómics Marvel de su infancia.

La bestia voladora y fogosa al fin pudo recordar y echó una risita diciendo que tenía a la princesa más hermosa del reino cautiva. El contable no se amedrentó, había superado unas oposiciones durísimas y se sabía de memoria el funcionamiento de Hacienda. Con un complejo cálculo de los intereses a largo plazo y su explicación teórica, el dragón dejó de rugir y se le acabó la mecha que le daba la excusa de la princesita.

Seguía intercalando insultos y explicaciones teóricas durmientes el señor del maletín, mientras el dragón no paraba de gritar: ¡ay! Finalmente, ya no era señor del maletín. Lo tiró con fuerza. Se abrió. Un papel con la información sobre impuestos tributarios del 2008 cayó en los ojos del dragón, que se aterrorizó y prometió ser buenito: “Pagaré”. Ahora es otro animal reconvertido a ciudadano ejemplar pagador de impuestos.

Colorín colorado, esto se ha acabado… Espera. La princesa fue tomada por el contable como si fuera el Gran Libro de la Hacienda 2007-2008. Ahora la tiene en su estantería, recogiendo polvo y emite un sonido: “¡Guerrero buenito, gracias!”. Y el buen hombre ha vuelto a su habitual aburrimiento, en donde si suelta una palabra malsonante o “guay”, se suicida. También abandona a toda emoción, signo de debilidad para él. Y sigue estudiando concienzudamente rentabilidades económicas variadas, siendo capaz de desechar un muñeco de sumo de 20 céntimos por ruinoso.