Popularidad al hoyo, modestia para la victoria.

Febrero 5, 2009 por McManus

Observo, consternado, un espectáculo en el Palacio de los Deportes, en Madrid. Son los octavos del campeonato mundial de lucha. En una esquina, la roja, está un hombre de preciosa tez, un cuerpo inimaginable en el triste mundo real, con unas manos acreedoras de un mandoble tremendo de hoja opípara, un peinado técnicamente imposible en muchas partes del planeta, perfectamente rubio, y unos penetrantes ojos azules. En las gradas vecinas veo a muchas causantes de mi congoja. Jovencitas de quince años alocadas que no paran de gritar y de aprovechar sus hormonas por ese hombrecito, de nombre Maghtaris, que me suena de algún videojuego ignoto de salvar al mundo y demás bla-bla.

No obstante, la otra esquina me ofrece alegría. Somos pocos pero cuerdos los animadores del otro combatiente, Manuel Cerro, un viejo compañero mío en el ejército español y enorme militar. Con ropa sencilla, una cara ordinaria, sin ese papel de favoritismo que se adjudica según popularismo, y equipado con una CETME de modelo C, coloca correctamente sus pies en la azulada esquina y espera impacientemente una señal del árbitro.

Así pues, el combate empieza y termina. Mientras tanto, sólo he podido llevarme cinco patatas a la boca de esa bolsa pequeña y carísima. Con celeridad y extrema disciplina militar, Manuel aprieta a fondo el gatillo nada más oír el pitido de comienzo. Unas balas infernales y velocísimas salen de aquel cañón. Puntuales y directas, se dirigen al cuerpo de Maghtaris, que empuña estúpidamente su espada para regodearse. Una sensación de regocijo me inunda. Observo cómo ese cuerpo de dos metros se convierte en muñeco de trapo tras dejar pasar a esas balas. Y el señor Cerro sonriendo levemente tras su brutal asesinato a sangre fría.

Y así, con tamaña velocidad, Manuel Cerro es declarado ganador, a pocos metros de un cuerpo inerte y tumbado en el suelo dejando un charco de sangre que la organización limpiará sin inmutarse. Se retira a aquellos infinitos e íntimos vestuarios, entre fanáticas del finado que están en plena acción: vivos chillidos con breve contenido: “¡Asesino!” y comida que se desperdicia en dirección a ese militar patrio.

Ya no veo ni un poro de la piel de Manuel, bien arraigado en el vestuario. Salgo del estadio tras una brevísima estancia y un tiempo malamente rentabilizado. 7 minutos a ojo de buen cubero por 35 euros de entrada en una grada decente y una cola de 5 horas y 38 minutos. Al menos me consuela saber que Maghtaris no volverá a pisar el vestuario. Pasará sus próximas horas entre bolsas de plástico negras para viajar gratis en un Mercedes modificado al inmenso cementerio local que poseemos.

Ser rico en cinco segundos…

Enero 22, 2009 por McManus

Un hombre de 33 años. Despistado. Con las manos cerca del trasero y de pie contemplando de reojo ese programa para ser rico que luchaba contra 96 programas similares en la televisión nacional por su trocito de la tarta del público. Del infernal altavoz estropeado de ese dichoso televisor salió un mensaje entre sonidos metálicos: “¡USTED PUEDE SER RICO!”. El humano, en su más elevada ingenuidad, se dio la vuelta y pisó sin querer ni mirar una pelota de goma que descansaba en el suelo. No se dio cuenta, estaba centrado en una ausente montaña de dinero que aparecía en el sofá, según la atenta visión de su cerebro. Se lanzó al mullido mueble y jugó con el simpático aire. A continuación, se pudo observar cómo no se preocupaba por esos billetes que, en teoría, habían volado para colarse por esos recónditos sitios. Y se durmió sin más. Eran las tres de la madrugada.

Peñasco sobre buitre, una visión rápida.

Enero 20, 2009 por McManus

Erick González, crítico profesional de arte.

No se duda si tenemos que optar por el último grito en el arte oficial. La obra de Juan Castellanos, “Peñasco sobre buitre”, merece todas nuestras atenciones. Bella y efímera como ella sola -el buitre es auténtico-, impresiona a toda clase de espectador por lo arriesgada de la propuesta; un buitre muerto debajo de una piedra grande.

Nunca se había visto algo semejante en una feria de arte; el genuino rastro de sangre reseco acerca a quien lo contempla a un espectáculo onírico de huesos partidos, plumas sueltas, alas en desuso y vísceras aplastadas que se exhiben para deleite de ese mismo curioso. Todos estos aspectos, unido a la crítica poco fundamentada de muchos detractores, contribuirán a construir un mito eterno alrededor de esta obra.

La breve explicación que dio el responsable de esta obra, “esta obra la he realizado para demostrar al mundo que si nosotros no lo hacemos, la Naturaleza mata”, es la mejor y más precisa para comprender en todo su esplendor el encanto y trasfondo de una de las mejores apuestas artísticas de la última década.

En palabras personales del autor de esta crítica, representa el sadismo que la Naturaleza puede llegar a acumular y cree que pasará a ser una anécdota destacada en los mejores libros de historia del arte. Y da un consejo: corran a verla, que es una obra artística efímera.

Españeando – Cruel documental sobre nuestro país. Capítulo 23, el funcionariado.

Enero 16, 2009 por McManus

Un hombre-palo gigantesco, nuevo funcionario estatal, está derribando un hotel ilegal situado en un acantilado de las Palmas de Gran Canaria. Extiende su pierna y con un golpe invisible arranca de cuajo bastantes plantas del hotel. Gran parte de sus huéspedes gritan al unísono “Aaaaaaaaaaaaaaaaah”. Posteriormente, el silencio y un edificio que sólo tiene sus tres primeros pisos en perfecto estado. Recepción, Los Otros, unos huéspedes sueltos, y turistas ex-inocentes huyendo sin saber a dónde ir.

En los bajos del acantilado, unos peñascos ordinarios, escombros del objetivo de ese hombre-palo gigantesco y cadáveres sueltos. Teñido de rojo por un momento. Hasta que las olas, con su infinita paciencia, disuelven esa sangre humana débil y excesivamente temporal. El escenario en donde ha tenido que actuar ese funcionario, asignado a misiones canarias, no es tan precioso como lo podríamos imaginar, es pobre. Sólo hay cielo blanco. Y subsuelo también blanco. El lugar está mal definido, sólo encontramos líneas flacas -como un intento poco creíble de imitar un acantilado o un motivo ondulado que supuestamente representa el mar-.

Es, sin duda, una escena habitual en España desde el año 2021. Es la mejor solución que ha encontrado el Gobierno para hacer cumplir la ley de Costas, que estaba bajo unos interminables cajones recolectando su cuota gratuita de polvo mientras se apoyaba la idea monótona del “especula-especula” y el voraz ladrillo colonizaba todo tipo de tierras. Tras una tormenta de ideas, debate incluido, se decantó por la opción de crear hombres-palo descomunales -50 a 60 metros de altura- y con dos frases que soltar*. Y se consideró que serían funcionarios del Estado con sus derechos, como horario de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde y derecho a baja. ¿Y qué hay de la fabricación de estos señores? Se fabrican en la periferia de Zaragoza, en una nave industrial. Se transportan adecuadamente en un camión especial a los distintos puntos del país. En el caso canario, en barco.

* En las especificaciones sobre esos gigantes dice que deberán soltar dos frases según el momento. La primera, un “¡Yo romper malo!” cuando destruye el hotel ilegal de turno. La otra, “Estado, estado. Yo ser bueno”, cuando quiere decir al Estado que ha terminado con su trabajo.


Nos alejamos un poco. Vemos un tablero de corcho con una serie de dibujos surrealistas. Y giramos la cabeza. Estamos en la oficina de un funcionario del Ministerio de Defensa que ha deleitado a nuestros oídos con fantasías oníricas sobre el futuro de España además de escenificar cuidadosamente sus ilusiones a golpe de lápiz aprovechando ese bloque de papeles que tiene sobre la mesa, aparte de malgastar chinchetas. Comprobamos por última vez la oficina. Y salimos a la calle tras pasar por rutinarios pasillos y escaleras. Año 2009. Camiones de mudanza vulgares. Peatones que no saludan. Vida urbana a la española. Ni rastro de gigantismo. Amigos, esto es la maldita realidad de España.

¡Elija su causa revolucionaria! – #448, la causa de la boina.

Enero 9, 2009 por McManus

Sección diaria que pretende dar a conocer toda clase de agitaciones sociales para aquel lector sentado en su cómoda silla que nos lee.

¡Hermanos, boina y gloria eterna!

Quisiera denunciar que circula por ahí el rumor infundado de que si te pones una boina, la íntegra parte de tu cuerpo se desintegrará a las pocas horas y desaparecerás irremediablemente como persona de este mundo. ¡No son más que crueles mentiras provocadas por nuestro malvado gobierno central, ése que lleva rabos y cuernos aunque no lo quiera reconocer ni lo muestre al público! Para muestra un botón; a mi hermano Iñaki, que orgullosamente tapa su calva cabeza desde hace años con una boina a cuadros, un ciudadano crédulo le señaló y gritó de pánico. Sin más. Sí, como lo oyen. Chillidos descontrolados de cheerleader. ¡Pero ese miedo es estúpido e irracional!

Por más mares tormentosos que crucemos, tempestades que se interpongan en nuestro camino y ríos de lava que traten de detenernos, ¡debemos seguir adelante en la lucha! ¡Hermanos, tapad vuestra sabia cabeza con la gloriosa boina! ¡Sed fuertes contra aquellos que os desprecian por ser diferentes! Algún día el mundo cruzará los brazos, asentirá y nos dará la razón. Entonces habremos vuelto a vivir todos en paz y armonía, en un mundo lleno de vegetación abundante, verde y un sol justiciero que alumbrará a todos.

Bailando sin ecuaciones…

Enero 7, 2009 por McManus

Relato una historia cruel y ficticia sobre mi periplo por la secundaria española:
Era un tórrido día de junio, el anhelo de fiesta y ese sentimiento de frustración se mascaban en el ambiente a partes iguales. Las féminas, ya fueran agraciadas o no, enseñaban sus tops con escote incluido. Nosotros seguíamos siendo los 30 individuos empaquetados y listos para cumplir con ese servicio militar obligatorio que era la ESO. Era día de remachar los últimos detalles del último curso y de decidir quién iba al microinfierno de septiembre.

Empezaba la plomiza última hora, con un examen atípico. Todos estábamos sentados en nuestros sitios, salvo algún que otro compañero viciado a las revistas de tuning ésas de los huevos. Yo, el desgraciado de la primera fila, tenía que soportar una visión que me acompañaría por el resto del día. Al menos tenía un compañero parlante a mi lado que vivía. Con breves comentarios podía capear el aburrimiento.

El sudor corría por mi frente; estaba muy mal mentalmente, llevaba pocas horas de sueño a mis espaldas y delante tenía a una cara sobradamente conocida. Mi tediosa, opinión que secundaba la totalidad de la clase, profesora de matemáticas. Con voz de desgana, cuando todos los pollitos del lugar estábamos en nuestros sitios, nos dijo que el examen consistía en bailar individualmente delante de ella. Si lo hacía bien según su criterio, aprobaría. Se generaron automáticamente caras de asombro y charlas en “privado” donde la sentencia más empleada era “está majara perdida”.

Uno a uno, los alumnos fueron apareciendo ante la triste mesa grande verdosa con madera de roble. Empleaban movimientos aleatorios, nada desgarbados, con el beneplácito de la profesora. Las risas iban por turnos. Lo reconozco, en aquellos días de terror infernal me reía bastante y en ese momento no era excepción. Eso sí, abrí los ojos con sorpresa en casi todos los casos. No paraba de oír “Aprobado” tras la calamidad que supusieron los anteriores exámenes para una gran mayoría -yo incluido-.

En efecto, tras unos larguísimos minutos, me tocó. De 30 alumnos, yo era el 23º alumno en bailar. Me gané, sin comerlo ni beberlo, un comentario de la profesora, “No lo haces mal, pero debes ser más sensual”, al mismo tiempo que yo movía aleatoriamente mi cuerpo simulando que bailaba. Tras treinta segundos de sufrimiento leve, me dijo, tratando de imitar una voz sensual que salió como voz de espantajo, lo siguiente: “Encanto, ¡estás aprobado! Espero que nos volvamos a ver”.

Podía despedirme de matemáticas, pero no huir por patas. La clase acababa simplemente cuando la profe lo decía. Mientras veía a otros danzando, toda clase de pesadillas y horrores por narrar rondaban por mi mente. Entre mis espantosas ganas de dormir y una visión parcial del mundo real, yo me enteré a medias de que el examen había finalizado. También creí haber escuchado ruido comprensible presuntamente proveniente de la profesora con algunas sentencias al vuelo como “Queridos alumnos”, “¿os lo habéis pasado bien?” o “aún queda por recorrer”. Me desperté a duras penas cuando la clase finalizó, momento aquel que aproveché para neutralizar el 90% de los recuerdos de aquella clase.

Siempre recordaré ese día con escaso cariño, enorme nostalgia y sentimientos contradictorios. ¡Quiero volver a vivir esos días! ¡Ay!

Los hombres de la Sociedad Moderna y… ¡sus terribles villanos!

Diciembre 26, 2008 por McManus

Les contaré una verdad absoluta, de las que nuestra sociedad se empeña en tapar, cual truco de magia, al mismo pueblo que la conforma. Una verdad cruel y de la buena. Les hablaré de unos individuos especiales, los hombres-sombra.

¿Conoce usted a aquellos hombres-sombra que susurran al oído a personas que parecen ser muy importantes? Ah, ¿usted se ha dado cuenta de esas cosas negras que dejan por el suelo? Son sus máscaras. Ya ve, son un poco descuidados. A pesar del escrupuloso cuidado en todo lo demás, usan métodos muy baratos para evitar que les reconozcan: se tapan la cara con sus manos, que quedan así completamente inútiles. Cuando la aplastante evidencia indica que hay que usar las manos para abrir la tapa de la cloaca de turno, su hábitat natural, se tapan con los brazos o bajan la cabeza. De vez en cuando, confían en la capacidad de la sociedad para olvidar rápidamente una cara vulgar que no les dice nada.

¿Y qué hacen ellos? Simplemente caminan, la mayoría del tiempo, por las cloacas observando las aguas fecales, disfrutando de sus fragancias, pensando en algún plan que urdir para colocarnos una moda nueva o tendencia y, lo más importante de todo, escoger, de manera selecta, su tiempo para no hacer nada. En el suelo siguen caminando, eso sí, por las zonas indicadas -generalmente barrios empresariales- para susurrar al oído de los grandes directivos de las empresas que cortan el bacalao en la Nación y en esas tierras lejanas que no pertenecen a nuestra Nación. Y poco después, una moda cualquiera -como algún cantante bello o una corriente del vestir que se pasará en dos días- surge cual brote de ébola.

Esos hombres que tan bien configuran la sociedad moderna, en sus ratos por las calles de la Ciudad, son tachados de “locos raros” o lindezas peores por personas que siguen incondicionalmente las modas que idearon. En mi memoria consta la anécdota de una mujer guapa que susurró al oído a su, no menos bella, amiga tras señalar a una sombra que estaba hablando con uno de tantos hombres trajeados cerca del edificio Worchester, perteneciente a la gran compañía textil LOSADA Y HERMANOS S.A. Ambas féminas iban con ropajes morados de una pieza -con sus tropezones blancos-, uno de los últimos gritos de la moda de otoño.

¿Y cómo urden las ideas para sus modas y tendencias? Muy sencillo. Se dedican a vagar, a pensar. Esperan a la inspiración divina, a ese chispazo. También saben cómo reciclar o rescatar modas y tendencias anteriores. Tomaremos prestado un testimonio de los suyos.

El dieciséis de abril del 2006 me encontraba caminando erráticamente por zonas de la cloaca que conocía perfectamente. Pensé en cómo les iba a esos del Más Arriba. Y en este momento dije… ¡Eureka! Creí que a las mujeres les iría bien un reciclaje de la moda que ideamos en primavera del 2005. A esa camiseta ajustada con rayas verdes, blancas y moradas había que añadir una raya naranja. Y listo. Así fue. Funcionó cuando se lanzó en mayo del 2006. La empresa tuvo muchísimas ventas y pronto colores chillones invadían algunas calles para acabar pronto en los fondos del armario. Entonces había que pensar más y más. Esto no parará nunca, me imagino.

SUS TERRIBLES ENEMIGOS, ESOS QUE VIVEN EN LA MISMA CLOACA.

Ellos no están solos en el complejo alcantarillado de la ciudad. De vez en cuando, saludan a los hombres ratón con una o dos palabras y pasan de largo. De paso, pegan un puñetazo al aire. Fantasean con poseer algún enemigo que ponga trabas a sus actividades, en un intento de autojustificación para ser más violentos. Pero no los hay, y los hipotéticos malos están muy atareados, lo cual les condena a ser muy pacíficos. Pongamos el caso de los susodichos hombres ratón y añadamos unas cuantas curiosidades de su sociedad y cultura.

Curiosamente, los hombres ratón son mucho más violentos, si excluimos su acto pacífico de andar por esas inmundas cloacas. Gustan de coger a algún ciudadano desprevenido cuando suben a la superficie para molerlo, ya de vuelta a las cloacas, con una piedra gorda -diferente en cada caso-, que según ellos es “La Piedra del Destino Final”. Normalmente, dicha víctima termina por morir ante la evidencia de más de veinte brutales golpes de piedra. Tienen el humor negro muy afinado. Se dignan a escribir cosas como “Víctima nº 127 – Una anciana. Ha muerto de ataque de piedra galopante, de manera inesperada” en folios que se acumulan en rincones apartados de sus hogares. De vez en cuando, cogen una piedra de cartón para demostrar bondad. En este caso, es probable que la victima grite un solitario ¡ay! o no hacerlo, por la evidente escasez de dolor, amén de poder volver a hacer su vida normal en la superficie.

También hablan con las ratas, siguiendo un rito ancestral. A lo que más llegan es a soltar 100 palabras seguidas sin respuesta, salvo un mordisco de rata repugnante. Y como es habitual, suelen chillar intensamente de dolor. También padecen en su Gran Día, el Grandfallon, cuando beben las aguas fecales de turno y sufren de intensos dolores en su estómago y alaridos adicionales para amenizar la escena. ¡Todo sea por las costumbres antiguas!, dicen ellos.

En realidad, sus costumbres datan de 1962, cuando una pareja de locos decidió construir un refugio en la sección E-23 del sistema de alcantarillado municipal. Se sabe que el esposo había huido recientemente de un manicomio y soñaba con disfrazarse de ratón para integrarse en otra sociedad. Y la esposa, tres cuartos de lo mismo. En vista de ello, no tardaron en tener un hijo y criarlo en las fantasías que ellos idearon en tres horas de aburrimiento supremo. Y así, de una nutrida descendencia que ha asistido habitualmente a la tienda de disfraces de más arriba para surtirse de una segunda piel, de políester habitualmente, se ha ido formando esa curiosa sociedad alternativa que no ha entrado nunca en la prensa generalista. Aclarar que la totalidad de sus miembros han recibido las dos siguientes lecciones del Mundo de Más Arriba, además de hacer abundante uso del incesto para prolongar su existencia por evidente falta de recursos humanos:

-¡Te compraremos un disfraz que formará parte de tu identidad imborrable! Cuando tengas hijitos, haz lo propio. Ya sabes, esa tienda de disfraces llamada “Jolgorio Infinito” y que te disfraza a un precio módico.

-Habitualmente debes subir a las alcantarillas y cazar a jugosos ciudadanos inocentes. Llévalos a tu hogar y mátalos sin piedad. Los sacrificios serán premiados por el Gran Dios Ratón, que te regalará una fotocopia de su sonrisa. Para ello, valen también los hombrecitos que trabajan en nuestras cloacas. ¡Pero nada de molestar a sociedades extrañas que compartan cloacas con nosotros!

Para finalizar, una curiosidad. Aquellas normas sagradas del mundo exterior también están en folios y sufren deterioro cada dos por tres. También en esta sociedad hacen de copistas improvisados para que no se pierdan nunca.

ORÍGENES DE LAS SOMBRAS OSCURAS QUE IMPONEN MODAS, YA SABE.

Y finiquito esta larga historia, que ayudará a comprender la Era de Construcción De la Sociedad Moderna, con un alegato sobre los orígenes de esos hombres-sombra. No tengo ni maldita idea. Creo que habrán salido de una postal de la nada como si de arte de magia se tratara. Tampoco sé cómo conocieron tan acertadamente a los peces gordos del mundillo para tener tal influencia, supongo que sería un inteligente y malvado plan urdido por nuestro Ocupadísimo Gobierno. Y punto.

¡Comentarista + Accidente!

Diciembre 7, 2008 por McManus

Prólogo por Andrés Pérez González:
Ah, el mundo del deporte. Tenemos a esos deportistas de pecho bello y cutis fortalecido que atraen la atención de miles de flashes vacíos y son comentados en boca de millones de seres humanos. También a esos desgraciados comentaristas que sólo son mencionados tímidamente al inicio de los acontecimientos deportivos, pero que acompañan a todo aficionado del deporte y son diana, siempre de segunda mano, de quejas. En las próximas líneas, les desgraciaremos un poco más. No creo que les importe tanto, ¿no?

CAPÍTULO 2:
“Ron Barr, conocido comentarista deportivo que reciclaba 23 veces al mes sus conocimientos sobre deporte, en un día de noviembre de 1995 ya no era el mismo. Durante 2 minutos, dentro de su cabina de comentarista, su cuerpo se volvió inestable porque sí*. Por todos lados, trataba de mutar hinchándose en partes selectas de su cuerpo al azar. Algo no salió bien. Estalló y murió en el acto, llenando el lugar de millones de pedazos suyos con sangre, vísceras y carne. Su compañero, promesa de comentarista y que simulaba ser muy amigo del señor Barr, se mostró indiferente. Quizás agradecía, en el fondo, una ducha atípica”.

CAPÍTULO 39:
“Vicente del Olmo, comentarista de quinta que campeaba por la tercera División de la Liga Española -sin merecer semejante división rebosante de juego-, sufrió el peligroso ataque de un alienígena, autóctono de la galaxia Xeor, que se vistió con un traje típico de lugareño de algún pueblo de Cuenca. Recibió un interesante disparo de pistola desintegradora y, sin querer, su cuerpo desapareció completamente sin dejar rastro. Así se callaba para siempre una voz célebre entre los futbolistas que nada tenían que aportar al mundo del fútbol salvo patadas a destiempo…”

CAPÍTULO 41:
“Jones Barry, comentarista deportivo de la Premier League inglesa, fue víctima de un escupitajo corrosivo de un alienígena de tipo jdidm, con esqueleto metálico y exoesqueleto de piedra marciana, mientras paseaba tranquilamente por una calle de Londres. Aclarar que el extraterrestre, de cinco metros, también estaba enfrascado en su paseo y escupía como lo hacía en su planeta natal por mera costumbre.

¿Cómo se disolvió semejante comentarista? Compartía la misma acera con dicho foráneo. Avanzó unos metros sin enterarse de nada y recibió una ducha repentina de ácido corrosivo, ante la indiferencia de amables y atentos ciudadanos ingleses habituados a las rarezas. Ni ese grito de niña desesperada, cuando el ácido ya se deslizaba cruelmente por los poros de su piel tras el chaparrón inicial en su cuero cabelludo, le salvó…”

* Una versión más completa, usando dos palabras más, se puede encontrar en el Libro de la Devastación del Comentarista, en Explosión 11.1.

Epílogo, por ese ser humano totalmente idéntico al que se atrevió a juntar letras en el prólogo:
En este folleto, devastadoramente resumido para aquellos que comprarán el espectacular libro, nos hemos decidido a hacer una buena y fácil selección de tres relatos sórdidos. Y ahí acaba nuestro cometido, demostrando cómo se rellena un epílogo por rellenar.

Oh, bienvenida no bienvenida.

Noviembre 29, 2008 por McManus

Y ahí estaba yo, en la vera del camino pisando matojos de hierbas y flores bellas, moviendo lentamente mi magullado brazo hasta gesticular algo parecido a un saludo a la vez que decía “Hola” sin empleo alguno de sentimientos. Naturalmente, quería saludar a una página web con flacas piernas de dibujo animado, sonrisa falsa y ojos saltones graciosos que paseaba por ahí. Pero ella me ignoró, diciéndome, con los ojos absortos en alguna parte de mi cuerpo, un seco “No, gracias. Ya tengo una bienvenida”. Y se fue por allá… pensando en no encontrarme nunca.

Pues bien, la encontré en otra parte, Dinamarca, y pinté en su cuerpo una segunda bienvenida, completamente redundante e innecesaria. Pero había que hacerlo por mera diversión. Saqueé, por la fuerza, su tarjeta de identificación y pude saber que tenía un nombre estrafalario, “Absurdo de Espuma” y no contaba con número de identificación propio. Es más, me escandalicé con aquella tarjeta de cartulina mala que decía “Caballeros de la Justicia y la Luz” y sólo tenía el nombre, nada más.

Me fui, triunfante, tras ese acto innecesario que realicé por perder el tiempo. ¡Por fin una web que tiene dos bienvenidas!, pensé. Me froté las manos y me fui a ese horizonte en donde todos los buenos desaparecen sin más… para siempre.

Escenas del Neoposmodernismo: La misma cruenta matanza.

Noviembre 21, 2008 por McManus

Aquel individuo relativo, ataviado con una sotana a la cual se han incorporado variados emblemas en favor de la legalización de la dinamita y con un collar de brujo místico de alguna sociedad lejana -tenía el torso descubierto, sin camisas ni camisetas-, quería asesinar a la Virgen de Bautista brutalmente dando mucho más que dos pasos y exhibiendo parte de su brazo ante dicha futura víctima, nunca aterida de miedo en todo momento… eso era su ensoñación, camuflada como planificación rigurosa, basada en los preceptos del hiperrealismo que tenía retenidos en su acertado cerebro.

Realidad relativa, con la misma vestimenta. La escena el jueves noche era ridícula. Una cabaña vacía y completamente abandonada abierta de noche, un muchacho dando pasos atropelladamente y un brazo extendido que decidió actuar contra una figura bajita de la Virgen de Sucre, presente y de madera. El arma del crimen, un cuchillo con un filo realizado a base de semillas de sésamo pegadas. Aquel día, el dueño de dicha cabaña siguió soñando en el aire, el filo del cuchillo se rompió y la figura, a priori víctima criminal, sólo se movió 2 centímetros.

Dicho muchacho se marchó del lugar dando pasos atrás y sin dejar de repetir “¡todo es relativo!” para caerse hacia abajo en el pozo abandonado y con poca agua, momento en donde un buen y repetitivo protagonista de historias épicas debía ser devuelto a la realidad.