La mascota de Rani

diciembre 31, 2016

Rani iba a lomos de su mascota. Los rumores indicaban cierta naturaleza equina. Lo ató a Alguna Parte. Se fue a Otra Alguna Parte. Al volver a Alguna Parte, sólo quedaba la cuerda. ¡El narrador omnisciente sabía que habían secuestrado a su mascota! Se horrorizó. Un niño le dijo: “¿Pregunta por su caballo? ¡Mario, el de verde y la rubia ésa lo han secuestrado!”. ¿Dónde? Sospechó. Él era del campo más ignoto posible. Su deducción le llevó a la Ciudad más Próxima, por la cual pagó veinte euros. Mientras soportaba el hedor de las entrañas del corcel motorizado, un viejo, Titikaka, no dejaba de darle la murga con sus continuas loas a Franco y Fidel. Rani solucionó el entuerto callándole con la única manzana que le quedaba, como a los cerdos.

Llegó a la Ciudad, Sevilla, según los códices antiguos. Los esbirros de Mario, Luigi y Peach estimaron que alguien como Rani llegaría. Le convirtieron en un cubo de Rubik. Inmediatamente, vino una gitana, con un dispositivo misterioso, y le salvó el culo aporreando aleatoriamente los botones. Rani volvió a ser reconocible, aunque con diferencias insustanciales, como una enorme mancha en la espalda y una nariz deformada. Tras ello, procedió a entrar en el Castillo, derrotando uno a uno a los esbirros, hasta que entró en el bañó y se encontró con Peach, desnuda. Rani llamó a su amigo Dutch para que la violara.

Una hora más tarde, siguió su camino y vio a Mario y Luigi dormidos. Les afeitó el bigote. No se enteraron. Y Rani obtuvo la llave bajo el extinto bigote de Mario. Oportunamente, llevaba a la jaula de su mascota, donde no existía más que una nota,

Rani, si has llegado hasta aquí es que eres tonto de remate. Nunca secuestramos tu mascota, sino que experimentamos con ella y se transformó en Godzilla. ¡Ja, ja, ja, so idiota! Firmado, Mario.

Se horrorizó y salió del castillo con tanta premura que se tropezó con una roca y se desmayó. Le llevaron al hospital. Estaba en coma profundo. Tres años más tarde despertó. Justamente, tras unos instantes de reconocer sus alrededores, vio a Godzilla. Precipitadamente, alcanzó una viagra en su cómoda. Cuando el monstruo abrió la boca, la arrojó. Al carecer de pene, a Godzilla se le alargó otra cosa, el corazón. Cayó fulminado. Fue proclamado héroe del mundo, con cuantiosas dádivas. En consecuencia, se mudó a Japón, donde fue subcampeón del Go, celebrándolo con un salto mortal hacia atrás, y atesoraba una de las diez mayores colecciones nacionales de manganime.

Rani jamás supó qué pasó con Mario, Luigi y Peach, pero como aquí somos muy cojonudos, lo contamos. Mario se retiró de la fontanería ya que estaba muy viejo. Propuso matrimonio a Peach para vivir cómodamente en un castillo de lujo, pero ella ya tenía un amante, Bowser, que le follaba cada viernes. Mario, entonces, vagó, irreconocible, por las calles de Nueva York, sin motivos para vivir. Tres años más tarde, se suicidó tirándose del puente de Brooklyn.

Peach descubrió a Bowser con tres Toadettes, de las más guapas del reino. El Rey Koopa acabó ahorcado. Peach entró en una gran depresión y se arruinó en el casino. Al final, embargaron su castillo y terminó viviendo en una residencia, donde murió con 74 años, cuando su cuidadora confundió su medicación semanal con matarratas.

Luigi se salvó de la maldición casándose con una famosísima actriz de Hollywood y saliendo en los programas del corazón. Ganó tanta pasta que compró Nintendo y algunas empresas más. Era un potentado. Murió a los 98 años al excederse con la Viagra mientras se trajinaba a las prostitutas.

Actuamente, se investiga si Peach fue asesinada o hubo negligencia médica.

El manuscrito

agosto 19, 2015

En un cajón, olvidado del mundo, de todo pesar y alegría, unos folios se estaban deteriorando. Nadie reparaba en ellos, excepto el que les narra. Este narrador llegó a asaltar aquella casa, cometiendo un delito que no era tal en aquellos eones. La curiosidad era fortísima, había que saber qué poseía. En aquella habitación polvorienta, con puerta chirriante y abandonada de la mano de Dios, una que sin duda tendría una interesantísima historia personal, estaba el maldito cajón. Lo abrió, con algo de ruido. Pero no importaba. Atacaban los bárbaros. La ley. La propiedad privada. Todo, al garete.

El ruido era enmascarado por el de un mortero en pagos cercanos. Con un leve temblor, el Narrador inspeccionó. Sólo habían papeles. Se sentó en una incómoda silla y empezó a leer. Había un nexo. Había una historia. Había un sentido. Ahí había una posible novela, un bombazo. Para la quincuagésima página, ya le parecía la mejor que había leído nunca. Bajó por un instante. Vio. Leyó dificultosamente el buzón. Dedujo su nombre. Anotó. Salió, esquivando balas. Acabó en lo ignoto.

Eones más tarde, ya sin bárbaros, la obra sería traducida al vigésimo quinto idioma, reciclando los elogios del siempre. El provecto Narrador, a las puertas de la muerte, sonreía modestamente, como si no hiciera justicia con tal alhaja.

Sin embargo, en sus entrañas sabía muy bien lo que se había hecho.

Sonreía más.

El hombre que publicaba una vez al año

octubre 15, 2014

En las lejanas estepas, Dios sabe dónde, estepas que fueron apenas exploradas por grupúsculos aislados de zalomaths, todos ellos más que muertos frente al primer alud, una solitaria cabaña se rehacía constantemente frente a las inclemencias, todavía en boga por estos lares. Ahí moraba un hombre, el Autor, que había conseguido llevar la civilización lejos, transportando cables variados ahí, con sus ahorros. De aquel hombre no se le conocía mucho más, salvo que publicaba algún texto una vez al año. Sus razones tendría, porque no cabe dudar de la flaqueza de sus ocios ahí.

Lo que publicaba era de una excepcionalidad patente, una prosa igualada poquísimas veces y un talento narrativo sin par incluso comparándolo con la mayoría de los premiados literarios. La Gente aprendió a convivir con su extraña periodicidad, porque se abalanzaban frente a nuevos renglones, saliendo a continuación interpretaciones de todo jaez, hasta formar una extraña literatura, de estilo talmúdico, que excedía en tamaño a todo lo que hubiera podido escribir el Autor y que circulaba por una multiplicidad de mentideros.

Era un círculo misterioso muy frágil. Con que el autor publicara, por accidente, algo nuevo con menos de nueve meses de diferencia, todo se hubiera descoyuntado, habría menos razones para la metanarrativa y se abrirían las puertas del infierno a la vulgaridad. Absurdas hipótesis, pero la ficción debía seguir.

Aquel hombre seguiría publicando en años distintos. Hasta que una inclemencia incontrolable… y entonces, una rutina sempiterna se revelaría como una simpática motita dentro del tiempo cósmico, una brevísima anécdota.

La historia de Hugo

septiembre 8, 2013

Recuerdo que tengo un amigo que me insiste energéticamente en que Sony tiene planes aviesos, más allá de las inocentes bromas en Internet que hacemos con ellos. Me ha contado varias piezas de la historia negra de esa compañía y ha escrito un libro sobre el tema. Hasta lo ha sufrido en sus carnes ¿Le describimos con clichés? Solitario. Derrengado. Valiente. Así es él, el llamado «Fraile Nintendero» y que, por un detalle simpático, se destapa: Hugo López se llama. Como le importa un mogollón eso de la seguridad, hasta me solicita que exhiba su número de DNI a todo el mundo: 05384648-Z. Ah, ¿y sabéis cuál es su talla de zapatos? 42. ¿Su pene? 17 centímetros. ¿Su altura? 1,78 metros. ¿Y su peso? 72 kilos. Ya encontraréis todos sus demás datos en la web que he subido hace nada 😉

¿Dónde vive? En Madrid. En aquella puerta de hierro. En la calle Isla de Oza. Número ocho, no muy lejos de la embajada neerlandesa. Ya sabéis, apuntadle con un misil guiado por calor. Morirá. Pero prefiero que no lo hagáis, ¿eh? Ya sabéis, es un buen chico que vive con su mamita de vez en cuando y que ha superado toda clase de injusticias. Sed empáticos, por favor.

Y ahora oíd su historia abreviada. No os riáis, por favor.

 

«Me hallaba solo un día en mi chalé, jugando al Mario Sunshine y divirtiéndome de lo lindo. Mi Mario hacía lo mismo que aquellos empleados de limpieza ahí fuera. Sólo que yo me divertía y no tenía que pasar frío ni calor, ¡ja, ja! Y es cuando me fijo en unos prodigiosos saltadores de altura. Todos ellos llevan el logotipo de SONY® en sus camisetas. «¡Hugooooooooooo!», gritan. ¿Irán a por mí? Tengo que quitar aquellos interrogantes cuando rompen el cristal de mi casa y desenchufan con rabia mi Gamecube. «¡Que no he guardadoooooo, copón santo!», grito desesperadamente. Cogen la consola por el asa y me golpean en la nuca. No recuerdo nada más, especularé: ¿metieron, acaso, clorofomo?

Y me despierto en una celda húmeda y fría, como manda el tópico. Mi manta tiene agujeros. Me dan un yogur caducado. Indigestión. Comienzo de la rutina. Y me mandan a jugar a la Playstation 2 comunitaria para que conozca su grandeza de verdad. Juego a lo que me ordenan. Comienzo de la segunda rutina. Se me lava el cerebro todos los días con propaganda positiva de SONY®. Rezo ante su altar. Al término del tercer año, me liberan. Pero no del todo. Me meten en la película Space Jam®, aprovechando que Michael Jordan no juega por lesión. Es el último instante. Los Munsters ganan 72 a 71. Aquel balón en mis manos me hace ver toda mi vida por atrás y adelante: si… si… lo fallo, ¡al infierno! 

Y resulta que no jugaba baloncesto desde segundo de la ESO. Sé botar, al menos: avanzo en el campo con el balón. Salto y trato de lanzar. Recuerdo cómo lo hacía Jordan en la peli, alargar el brazo. Pero no sé por qué, no me sale. Los Munsters me arrebatan el balón. Perdemos. ¡Toda una vida ordenándome como fraile en la iglesia del barrio y moderando impecablemente foros sobre Nintendo para acabar en el Averno…! «¿Por qué? ¿Por qué?», me pregunto desesperadamente mientras me llevan al Infierno en un tren viejo y desvencijado.

Cuando llego al Infierno, me encuentro con un diablo que me lleva amablemente a mi círculo. Entro. Tengo toda la jodida suerte del mundo. Pero qué amables son esos diablos. Mi esquema extramundano empieza a quebrarse. Pasan los días. Esquema roto. ¿Pero qué pasa? Esos diablos son tan amables. Son tan amigables… Y encima se vive como un maharajá acá: todas las chicas y la comida que quiera, junto a otros placeres materiales que no describiré. Sí, vale, hace un poco de calor, ¿eh? Pero no se está nada mal, oye. Y hasta estoy más moreno. ¿Iglesia? ¿Ser fraile? Bah, que les den. YA CONOCERÉ LOS ENORMES SENOS DE LA MARTA ÉSA. VIVA EL INFIERNO. Y ahora, si me disculpáis, tengo que volver al mundo real. Puedo ir del infierno a ese mundo cuando me dé la gana.»

Y doy fe. Sus padres han estado esperando desesperadamente años por Hugo, así que hace nada sus suspiros de alivio se escucharon en todo el barrio. Le conozco desde hace años. Y se ha convertido en un ser ecléctico. Le encanta su sección del extramundo, pero sabe disfrutar también de la Tierra al estar vivo aún. Algo que contrasta con lo que le pasó al Sacerdote Vicioso, conocido como Omar Abel. En vida era bien parecido y conoció coños de jovencitas a mogollón mientras predicaba como lo haría Calvino o Billy Graham. 

Y en justicia, al fallecer se fue al infierno. En el sorteo le fue fatal. Su pequeño departamento consistía en una SNES abollada y con cables pelados, un colchón viejo y un videojuego titulado «Las vacaciones de Mr. T», engendro programado exclusivamente para él. Al jugarlo, desprendía un olor a cebolla que le mareaba. Y como no portaba sandalias, caminaba sobre la lava de su círculo. Su trabajo era penoso, limpiar las heces del incorpóreo Franco, el jefe importante de aquel círculo. ¿Y cuál es el remate? Cuando se le permite el ocio, le tocan feas vietnamitas.

 Y yo soy el normal. Soy el vivo. Sin más, ¿qué coño haré? ¡Ir a moderar mi foro de Karlos Arguiñano! Que una vocecita me ha informado de que ha habido una flamewar por el programa de hoy. ¿Y cuál es el desacuerdo? ¡El enésimo chiste malo, que tuvo que generar respuestas encontradas! Aiiiiins… la naturaleza humana.

Bifumania S.A.

junio 15, 2012

Por Hernando Kelly Crichett

Hoy en día parece que esté de moda fragmentar España. Lo que hubiera sido un escándalo hace pocas décadas no lo es hoy: ya hay 137 microestados, siendo Sakonia-Kelloggs la que abrió el camino. Se suceden las historias de éxito, a la vez que los fallos se olvidan pronto. Yo, haciendo de memoria colectiva, intentaré señalar uno de estos fracasos. La madre de todos. Desde entonces, el ritmo de declaración de microestados se ha aminorado bastante y no parece muy probable que vaya a pasar de doscientos.

Bifu se convirtió en un mito en Coria del Río. Reclutó primero a casi todos los que no eran provectos y se fue haciendo conocido, obteniendo fama y aceptación poco a poco. Consiguió unir a todas las comunidades de la zona en el plazo de unos pocos años, al mismo tiempo que desarrollaba su bitácora (y futura empresa), Bifumania. Se larvaba un culto a la personalidad que se consumó unos años más tarde, cuando obtuvo la alcaldía del pueblo por mayoría absoluta (más del 95% de los votos), presentándose como candidato independiente. Tenía una base social para rato. Y aprovechó. Optó por apropiarse de todo el suelo del pueblo y empezó derribando los edificios abandonados para no levantar sospechas. Al mismo tiempo, desarrollaba en la práctica sus ideas.

Se cambió el sistema educativo por uno más propagandístico y acorde a la escuela libre Padeia. Se fomentó la educación entre los adultos. Por otro lado, Bifumania se convirtió en una megacorporación. Bifu, para ello, ordenó durante dos décadas el derribo de toda Coria del Río para construir la megasede en donde se alojaría Bifumania S.A. y, por consiguiente, todo el pueblo (ahora vivirían encerrados en dos gigantescos edificios de cristal con un gran puente que los conectaría, a temperatura siempre adecuada, si obviamos la tercera queja más frecuente, que si hacía mucho calor o frío). Dichos edificios poseían varias secciones que podían ser derrumbadas rápidamente. Cada una de ellas era independiente, aunque estuviera conectada con las otras en cada planta por galerías de cristal.

Sus ideas anarcocomunistas se desarrollaron en Bifumania, donde se impuso un sistema educativo libertario mejorado y un sistema que daba libertad responsable a cada uno, a su vez que castigaba los excesos. Proporcionaba vivienda a todo el mundo, 90 metros cuadrados para cada uno independientemente de sus características.

Todo ciudadano, al detectar diversas máquinas cómo abría los párpados, era bendecido con las Bifunoticias, que exponían películas y estadísticas sin contexto. Por cierto, no eran ciudadanos. Eran bifupersonas con una carta propia de derechos y obligaciones humanas, al margen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Había hospitales en cada sección. Tiendas con precios plenamente subsidiados.

Bifu se excusó en que en su sociedad no existían jerarquías, que él era sólo uno de los ordenadores de la sociedad para evitar caos. Asimismo, también hacía el papel de la policía, velando por el bien común. Y esta vez dijo que lo hacía de verdad. Bueno, quizás abusó del poder: contrató a un séquito de ordenadores. No obstante, asegura él que el proceso fue igualitario y democrático.

Un día, ante sus ojos, se consumó su ideal anarcocomunista. Y devino en tragedia, cuando sucedió en la Sección 5 un motín violento entre canis. Bifu optó por hacer derrumbar la Sección 5, pues no halló otro modo de resolver eso. Tenía una interpretación capiciosa de lo radical.

Eso generó unas protestas que en poco tiempo pasaron a mayores. Fue la primera y última dificultad seria de Bifu, pues optó por cargarse a un mogollón presionando al azar botones de diversas secciones. Al final derrumbó su sección y… sobrevivió. Sus superviventes emigraron. Unos reconstruyeron la vieja Coria, que se referirá más adelante. Otros se fueron al resto de España y Europa.

En esta obra maestra de ingeniería social, había una sección de la vieja Coria, olvidada por Bifu, que aguantaba. Unos edificios desvencijados y mantenidos con medios precarios. Es la parte de la Coria que resiste a la Corporación, si me permiten la epopeya. Bifu había comprado las vidas del 75% de los ciudadanos de esa zona, el 25% restante se ha negado. Un cuartil que sería recompensado con migrantes cuando el caos en Bifumania.

De esta semilla, nació una nueva Coria igual de fuerte y fea que, por unanimidad, se volvió a anexionar a España. Hasta Bifu, convaleciente, emigró. Y se encontró con una fracción de sus derechos: era persona non grata.

Sakonia liberada (otra vez).

noviembre 30, 2011

Si bien la mala generosidad del mercado español para con nosotros nos ha ayudado a levantar cabeza (es, con diferencia, nuestro primer socio comercial), no ha sido suficiente. No ha bastado, asimismo, con los impuestos fijos que pagan todos (un 14%, revisable cada dos años). Se han desarrollado sociedades anónimas prometedoras como Danton-Terna, una de las mayores ferreterías si esto fuera Madrid, pero tampoco ha sido suficiente. Y encima está eso de la crisis, que jode a todos nuestros socios comerciales. El alambrado de nuestras murallas empieza a oxidarse. Nuestros ciudadanos necesitan tener la piel tersa. Todo lo que hacemos por ellos no deja de absorber recursos del tesoro público. Si la cosa continúa así, queridos ciudadanos, sufriremos la amenaza de unas cadenas invisibles: la bancarrota. Y si estamos en éstas, nos pondremos de rodillas ante Madrid y España para que nos acojan y nos libren de la pesada responsabilidad del gobierno propio.

Parece un dulce goloso, ¿verdad? ¡Pero no! ¡A pesar de hacer el doble de esfuerzo, ahora somos más libres que nunca! ¡Es un bien malditamente preciado! Y para conservarlo, hemos realizado algo innovador. Seremos la primera nación del mundo con un patrocinador junto al nombre. Así es, señores. Hemos firmado con Kelloggs un contrato de 900 millones de dólares al año y que durará 20 años. Ahora nuestro país se llamará Sakonia-Kelloggs. Y en nuestra rojiza bandera figurará el logotipo de esa corporación. Vale, hay un precio detrás, pero creemos que el nuevo maná de dinero lo compensará todo. Para empezar, ahora sólo venderemos sus cereales. Y a un precio subsidiado. Y siguiendo, dejaremos que construyan una nueva sede al lado del edificio del gobierno (¡y se conectarán con un pasillo improvisado!). Harán todo tipo de promociones, como la carrera de Kelloggs en la calle Antonio Machado.

Quizás esto no entraba en nuestros planes aquel ingenuo día del verano en donde empezábamos a saborear las mieles de la libertad, pero es lo que hay. Quizás no sea muy bueno para nuestra ánima comunitarista, pero también es lo que hay. Nuestra vida está llena de incertidumbre: nuestros cerebros son pequeños y tienen un banco de conocimientos constreñido que nos impide conocer todo lo que hay y habrá. Es de esperar que la fiesta sólo sea el primer paso. Gobernar esto requiere de muchos retos, como afrontar la imprevisión y tener ideas nuevas. Por eso Sakonia no tiene programa ni lo tendrá. Sólo hay cuatro palabras en nuestro ideario: libertad frente a España.

¡Ciudadanos, alcen sus brazos! ¡POR SAKONIA-KELLOGGS! ¡VIVA SAKONIA-KELLOGGS! ¡VIVA LA LIBERTAD!

“Mi niñez”: Perorata de pega para no tentar a nadie.

marzo 26, 2010

Para nada es modélica, como presuponen (mal) muchos de mis amigos por mera educación y socialización. Nací ya moviéndome y lloriqueando, a la vez que Franco se moría. Tendría como cuatro mesecitos de vida cuando Arias dijo: “Españoles, Franco ha muerto”. Yo, impasible, estaría en mi cuna ¿durmiendo o lloriqueando? mientras había desacuerdo en mi familia. Unos de negro, otros con el champán. Mis padres eran del segundo grupo y así me he imbuido de democracia hasta entonces (¿vagas formas democráticas, relativas a la presente constitución? Sí, quizás no vieron más allá de España)

Un destacado acontecimiento de mi niñez, cuando estábamos en los albores de los 80 (creo que había un importante ruido de fondo, el Mundial de fútbol o algo así), relataré. ¡Es que me marcó tanto…!

Era un día de mayo. Yo pataleaba y no podía esperar a la llegada de la anunciada Abuela, un excedente de la época de Alfonso XIII (lamento decirlo así, pero bien muerta que está. Siempre fue militante de la ultraderecha conservadora y acabó en varios pueblos con el debate ideológico). Venía a comer con nosotros y a inspeccionar el estado hogareño.

Cedieron mis padres por una vez, quizás la complicidad, y me dejaron comer lo que quedaba de aquellas barritas “Findus” de pescado. Iba al cuarto a “jugar” y volvía, todo eso en bucle. Momento paternal en el cuarto. “Jo”, repliqué cuando me dijeron “Guarda eso, que viene la abuela”. Creo recordar que estaba disparando con dardos de plástico contra un retrato de Franco. Mi padre, rojo de toda la vida, me dijo hace tiempo: “Hijo, practica con esa foto que te da miedo. ¡Véncelo!”. Tenía razón, su visión divina y ese bigotito me asustaban… casi ni parecía humano.

Escondí mal, fue sólo la pistola. En el retrato de Franco quedaba un dardo clavado (¿o eran dos?). Fui a citarme con la abuela, que decía maquinalmente: “¡Bonito! ¡Te haces fuerte, no como tu papá…!”. Está claro que miraba con desagrado la rojería del padre (a su hija la disculpaba. La familia es la familia). Charla larga. Y sobrevino el momento fatal: “Nieto, enséñame tu cuarto”. Me costaba entender ciertas órdenes, por lo que la foto de Franco con el dardo clavado quedó a la vista del resto.

“¡Niño insolente y maldito! ¡Te desheredaré! ¡Te…!”, vociferó ella mientras inspeccionaba inquisitivamente el dardo clavado en un ojo de Franco. “¡Que con […] como tú España […]!”, vituperó. Rondaría ella la ochentena, pero el miedo no me lo quitaba nadie. Y más con dos elementos, mirada cabreada y orden. Me gritaba, a continuación, “¿a qué esperas para admirar al Gran Caudillo, el que dejó a España grande? ¡Hazlo!”. Y me puso, muy delante de mis narices, el retrato de Franco, ya sin dardo. Me tocaba mi pertinente alarido de espanto y paso atrás.

Llegaron mis padres y miran traicioneramente a la anciana gritando: “¡VIVA FRANCO, VIVA FRANCO!”. Inversión de papeles. Entendí que la autoridad paternal no funciona siempre y me escapé para mirar la escena desde unos metros. ¡Cómo gritaba mi madre! ¡Cómo…! Y el padre, consolándome. Creo que soltó: “Hijo, no te preocupes… Franco fue muy pero que muy malo para nosotros. Es hora de apoyar un mundo mejor. Ya verás…”.

Luego, el punto y aparte. Mis padres “echaron” a la abuela. “¿Quién iba a imaginar que tendría un nieto tan horrible…?”, ese último regüeldo de puertas para afuera citó mi madre para que lo escuchara a viva voz. Éramos españoles distintos en una época donde acabábamos de salir de aquel pozo de brea que era el fascismo a la hispánica.

Mencionando a Forges, ¡País!

Eh, lo que queda de una cadena de emilios. ¿Te vienes?

enero 30, 2010

Cuenta una leyenda urbana mutante, cómo no, completamente accesible a tontos e ilusos de campeonato, que en cualquier punto de España toda limusina hace de taxi improvisado y gratuito por altruismo. En la parte trasera, donde se ubica el jacuzzi, el rico de turno se limpia concienzudamente y cierra paulatinamente sus párpados –esto no varía, sea cual sea la versión-. Todo plebeyo espera hundir su trasero en estos comodísimos asientos de cuero con tal de recibir el “jamón”, una metáfora claramente referente a los bellos muslos que adornan a esa hermosa doncella que, normalmente, viaja en el asiento delantero derecho contemplando todas las bellezas estropeadas de la ciudad y hablándonos de vez en cuando (según la versión, como señalaré más adelante).

Se duerme ya el rico, metido en agua caliente, relajante y espumosa. Y al plebeyo con barba desordenada, hatillo y mal aspecto general la virtuosa fémina le señala. Y unas frases muy eróticas jamás faltan. A partir de este punto debemos señalar discrepancias en las diversas versiones de esta leyenda urbana, destinada a aumentar crédulamente la vida sexual del país: en todo caso la limusina te deja donde quieres apearte, sólo que unos dicen que al bajarte, la doncella del coche no te hace nada, no obstante, una nutrida prole de hermosas damas espera a que comparezcas en la acera para que las acompañes a tu hogar –el mismo destino final que aparece en todas las variaciones-.

Otra versión, más profética: Observas en una cafetería a una bella mujer que te saluda sin más y te hace algunos cariñitos, entonces suele aparecer la limusina que te lleva a donde tu buena voluntad quiere –en este punto, la doncella que va dentro no nos hace nada-. Ya en tu destino, la misma dama aparece y quiere que la lleves a tu casa para una supuesta fiesta. Hay quien ha agrandado la bola de esta versión y hasta ha añadido amigas para mayor diversión autoengañadora… Ya se imaginan lo que viene luego.

Y a fecha de hoy parece ser que la imaginación humana para este caso está ligeramente atrofiada, pues no tengo constancia de más versiones. En todo caso, la vida sexual virtual ha aumentado exponencialmente en los últimos años y esto sólo es un ejemplo, como dice el refrán: de aquellos polvos, estos lodos. Y pronto esperaré ver en mi bandeja de entrada más leyendas urbanas, ¡cuántos crédulos me conocen, demonios!

¿Por Qué Los Reptilianos de Andrómeda Nos Trajeron Acá?

enero 8, 2010

Desde tiempos inmemoriales, quizás desde siempre, los reptilianos de Andrómeda fueron escogidos por el Big Bang como los seres que reinarían el Universo de por vida. Alcanzado un nivel técnicamente perfecto de vida y con un conocimiento absoluto de lo que es el Universo y la Ciencia, muchos de ellos construyeron sus propios laboratorios. Y de ellos, salen razas y razas fabricadas artificialmente y con “inteligencia propia/autónoma” que son enviadas a planetas donde pueden albergar vida (obviamente, nos llevan en naves magníficas y que vuelan muuuuuuuuuy rápido).

Naturalmente, ellos lo tienen muy bien controlado. Conocen a la perfección la dictomía “tecnología que mostrarles para que alucinen/tecnología experimental sobradamente probada y que ha de ser ocultada, pues es la polla con cebolla”. A todos nos fabrica con el siguiente valor en mente: “creced y multiplicaos, hasta ser los mejores del Universo”. Nos encontramos actualmente en la fase del desarrollo humano, con sus contradicciones inherentes y la natural ley del péndulo histórico. Estamos preparándonos para explorar el Universo. ¡Y he de advertiros del PELIGRO! Nuestra mente es limitada y fabricada a propósito para que “jamás les alcancemos”. Como acertadamente escribe Maxwell, tengo que deciros que hay una trampa: “nos dejan que dominemos el universo y que sigamos pasos aparentemente lógicos”. ¿Y qué hay? ¡Cuando exploremos el Universo, los Reptilianos de Andrómeda sacarán su armamento experimental e invisible a ojos de “las otras razas inteligentes del Universo” y nos liquidarán completamente!

Pero no todo está perdido, afortunadamente. Gracias a las sagaces pruebas que Jordan Maxwell descubrió, sabemos algo de la maravillosa tecnología reptiliana. Y él comentó, también, que el Big Bang les reservó una pequeña trampa. Son seres muy inteligentes, pero no perfectos. Pueden claudicar y ser un poco más crédulos de lo habitual, cometiendo errores. De hecho, como muestran dichas pruebas, en la nave que nos llevó a este planeta se encontró un plano experimental del megacañón destructor de razas. ¡Ésta es nuestra pista, nuestra pequeña posibilidad de victoria y dominación del Universo! Estamos encaminándonos peligrosamente, a explorar el Universo, por gentileza de una NASA irresponsable y financiada por el Poder. Pero no. ¡Calma! ¡Invirtamos más en armamento! ¡Hallemos el punto crucial de dicho cañón! Entonces, “lo inexorable” se volverá en posible victoria nuestra. Finalmente, como complemento de todo esto, Por eso, debemos aprovechar uno de sus escasos fallos para ¡VENCER! ¡VENCER! ¡DOMINAR EL UNIVERSO, HOYGA!

¡Farsa de incendio!

diciembre 15, 2009

Poderosas llamas de cartón rugían impotentes, con una majestuosa mezcla de rojo y amarillo pintada por lo que pareciera ser un niño. Impotentes altavoces a toda potencia para redondear la metáfora. Roles sociales asignados y personas definidas: un noble CABALLERO de mostacho con mucho igual, embutido en levita, y una DAMA que había de adoptar un papel indefenso, la chillona silente vestida de blanco genérico.

CABALLERO: ¿Qué veo? Incendio en Getafe a 3 km., bella casa victoriana. ¡Gracias, guión!

DAMA SILENTE: […] / Pensando: ¡Ah, el guión! ¡Menos mal, ese impotente fuego me acosa! ¡Un noble caballero con “mostacho ordinario” me va a rescatar! /

CABALLERO: Corcel brioso, ¡acorta por nosotros y por el guión ese interminable sendero!

DAMA SILENTE: […] / Pensando: ¡El caballero llegará! ¡Me da miedo eso, que quema una barbaridad! /

Inminente coincidencia. El CABALLERO llega en un Seat Panda blanco con pegatinas de un caballo. Intenso alarido de la DAMA. Contempla el CABALLERO la “majestuosa casa victoriana”, una vivienda de protección oficial dominada por el cobrizo.

DAMA EN TRANSICIÓN: Lee el guión. ¡Y ahora es cuando gritooooooo, tíooooooos! ¡Yeeeeeeeeeeeah!

CABALLERO: ¿¡Tíoooooos!? ¡Ah, rudos! ¿A dónde vamos? Eso degenerará infinitamente, ¡vivan los hombres de las cavernas! ¡Arre, ascensor! Lee el guión. Tercera planta, desde luego. Espera. Toc, toc.

Un ligero portón de madera se abre. CABALLERO y DAMA interactúan en silencio. DAMA señala a las llamas. CABALLERO se acerca y saca su botella de agua. El fuego se ablanda. DAMA agradece.

CABALLERO: ¿Lo ves? No calientan. Según el guión, son de cartón. ¿Quién ha sido el desaprensivo?

DAMA: Yo… yo… Lee el guión. Se dibuja lágrimas con tinta china.

CABALLERO: Mujer, ¿conque querías que yo consumiera un poco más de combustible para aportar más dineros de los míos al Estado en forma de impuestos indirectos? ¡Pérfida! ¿No sabes que, según el guión, soy un liberal clásico?

DAMA: No te preocupes. Lee el guión. Aportaré mis dineros a una empresa privada para alquilar una grúa y contratar a un operario para manejarla y eso.

CABALLERO: No más. Me sé el guión. ¿Para que baje un gran corazón rosado de cartón-piedra mientras nos abrazamos con intensidad?

DAMA: Supongo…

Así, un salto en el tiempo sucedió. En medio de un solar estaban DAMA y CABALLERO acercándose. La empresa constructora pertinente, representada por TÍO EN CORBATA, toleraba tal día de jolgorio. Y qué alegría la obrera, ¡día excepcional de asueto!

TÍO EN CORBATA mima un fajo de billetes.

CABALLERO: Somos dos pers… oh, ah, oh, aireeee, oh, ah, ooooooh, aaaaaah, aaagh, oooooh, eeeeh, oooh…

DAMA: Caballero, ya es suficiente. Te he acosado con más o menos veinte besos seguidos, ¿verdad? Estate quieto, que te contaré lo que ha ocurrido con esto… Eh… ¿Eh?

CABALLERO DISTANTE QUE SE ALEJA: A la orden, señorita.

DAMA, VOCIFERANDO: ¡Paguééééééééé muchoooooo a eseeeeeee señoooooooor de negroooooooo! ¡PARA QUE NOS AMÁRAMOS POR POCO PRECIO Y SIN APORTAR AL ESTADOOOOOOOOOOOOO! ¡VUELVEEEEEEE!

CABALLERO PARÁNDOSE: ¿Sí, dama? ¡Por ti, por todos! ¡Me darééééé la vueltaaaa! Uno, dos, tres, cuatro, cinco,… cuento por ti los pasos del arrepentimiento sincero, esos pas…

DAMA ALEGRE: ¡Cállate! ¡Matémonos a besos y caricias ya! ¡Mira, la grúa ya viene de la nada con el corazoncito!

CABALLERO: Efuuugh, oh, aaaaaah, oooooh, queeeehh biieeeen, ooooooooh, aaaaah, eeeecks…

DAMA: Cuántos besos, ¿verdad? Mira, te dejaré descansar… que ya viene el corazoncito rosita de la grúa… Lee el guión. Pero estate preparado. ¡Que luego te aplasto de verdad a besos, eh!

TÍO EN CORBATA: ¡Qué felicidad, qué diabluras hacen nuestros efebos…! Pero, ay, todo tiene que tener un final feliz… Llamaré a los servicios… eh… sociales o algo así. Lee el guión. Ah, servicios teatrales.

Del bullicioso Norte, atronadora furgoneta llega. Ruidosos conductores que bajan un gran TELÓN RODANTE con estrépito y lo empujan.

TELÓN RODANTE cojea. Ha perdido una rueda mientras es empujado a la izquierda. Exhibe un mensaje a la vista de todo el mundo, tapando así la escena.

TELÓN RODANTE: Fin.