La vida privada de un privador de vidas, Mangolele.

Mangolele, el más terrible, abismal, nefasto, colérico, inepto de todos los dictadores africanos, también se dedica a los sofritos en sus tiempos libres. Ahí le vemos preparando inofensivos huevos con una civilización de cosas fritas. En el momento de romperlos, Mangolele arrebató a un futuro talento de Pollolandia. Ahora se muestra explícitamente delante de nosotros en dos partes, yema y clara.

Caen al elocuente aceite de la sartén, que deja salir a sus pequeñas gotas al exterior dispuestas a morder pieles humanas. La yema está sufriendo y la clara, buscando una manera de huir. Mangolele sólo grita, en pleno éxtasis de ineptitud. Se le ha olvidado el paño para sujetar la sartén sin quemaduras. Unos nuevos habitantes se asientan en la clara del huevo, los Fritos. El dictador ve peligro. Apaga el fuego.

Se dispone a colocar los huevos en un plato, pero tropieza. Y un huevo en pleno calentón alcanza su muñeca. Al día siguiente, usa otra excusa: “Esta cosa es una herida de la guerra de Katanga”. Y gritando a plena voz, consigue de nuevo el favor de todos los ciudadanos de Alto Volta, su país.

La productora de cine vuelve a Inglaterra sabiendo que ha logrado un poco más de Mangolele para satisfacer la demanda de la clase media anglosajona. Ahora están en plena edición de vídeo…

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