El crítico

Éste es Manny. Señor de 36 años, mirada de buitre. Míremosle de cerca. Mueve su nariz, al parecer ya ha olido a algún artista. La revista en la que trabaja, Fignol Arts, sabe que puede contar con su increíble olor. Hoy va a criticar a Richard Samson. No, espera. Manny menea la cabeza. No le criticará. Contempla con dedicación a una cucaracha que pasaba por ahí. Abre un poco los ojos, como queriendo decir que tiene ideas. Creo que sería el único ser del mundo capaz de encontrar tanta belleza en una cucaracha.

-Vaya, vaya. Bonita cucaracha- piensa Manny.

¡Y eso que hay gente para todo! Precisamente él mató a dos cucarachas con la escoba en su hogar, ese piso elitista de 30 metros cuadrados otrora hogar obrero. En este trono imperial, también tiene a su alcance el poderoso diccionario de la sacrosanta Real Academia Española, que quiere más y más. Es continuamente repasado por Manny, que se sumerge en la búsqueda de adjetivos bellos. A menudo se ahoga y pide refuerzos para poder escudriñar más a fondo este amasijo de papeles.

Suele ocurrir a menudo, y así es cómo el lector con seso disfruta de las críticas artísticas que hace. Gracias al buen criterio del general Wilson, que le indica las palabras bonitas a usar para el artículo de turno, podemos encontrar críticas tan originales como “Camus, arana de sátrapas que pretendían mojar sus egregias plumas para dar réditos a los editores ansiosos de carnaza”. Hoy, otro diálogo de militares.

-Señor Manny, utilice las palabras sátrapa, ánima, ególatra y egregio para crear su crítica sobre la cucaracha.
-¡Ok, general!

La noche transcurre. Los ruidos de teclado de Manny dan placer a los vecinos, que ya no sueñan. Las voces de aquel trasto provocan que el sueño se aleje de ese edificio de pisos. De repente, ese sonido se detiene. La impresora ahora gime. Ayuda al crítico a que coma un día más. De su boca salen unos cuantos papeles, flacos pero bonitos.

Al día siguiente, Manny y la revista Fignol Arts sonríen mutuamente para luego encender el fuego.

-¿Cómo que una cucaracha? ¡Estás despedido, Manny!
-Oh, egregio jefe. ¿Qué le impulsa a tomar esta decisión?
-¡No casa con las políticas de Fignol Arts! ¡Un insecto tan repugnante!

Y el intelectual despedido, que tantas alabanzas recibió antaño, ve a una mujer con pechos enormes y le suelta toda clase de berridos. El intelectual reducido a simple animal. A sus 36 años, nadie sabe a dónde se dirigirá Manny. ¿A ayudar a recoger la pastilla de jabón de unos reclusos? ¿O a enterrarse entre demandas? ¿O a comer del paro?

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