Un copo de maíz ha muerto

A la temprana edad de tres días, ese ser entrañable fue arrojado a la leche caliente por un desaprensivo, que anteriormente le sacó de una caja de cereales a rastras. Digamos que la vida del copo fuera de su hábitat natural fue como una tortura lenta. Se adaptó relativamente bien a la leche, pero luego se ablandó y gritó horrorizado.

En ese infierno, su agonía se callaba poco a poco. La evidencia era aplastante, los 35 grados de la leche le quitaban poco a poco la vida. Al final murió del todo y pasó al molar derecho de quien tomaba este desayuno. Sus restos ahora serán comidos por las bacterias estomacales, tras ser triturado por la increíble potencia de la dentadura humana.

El individuo responsable de tal acción, T.M.C, sigue en libertad. Nadie le ha detenido aún. Ni lo harán, desde luego. Todo se reduce a una expulsión del copo de maíz, que andará por las cloacas en forma de minúsculas partículas, viviendo entre excrementos.

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