Confesiones de otro poseedor de una terrible pena

¡Ay, desdichados tiempos modernos! ¡Ay! ¡Ay! ¡Mi alma! ¡Me duele! ¿Por qué en las ópticas no hay gafas de culo de botella cual actor turco hiperculto? ¡Anatemas sean! ¿Por qué esos lugares tienen que ceder a los poderes de la moda y vendernos gafas “finas”, elegantes y hasta de marca? ¡Que se pudran en el infierno por ese intento de atentado a mi alma meramente espiritual!

Por otro lado, me declaraba orgulloso de mi frondosa barba al más puro estilo Karl Marx. Y sigo esta tesitura, pero… ¿por qué todo el mundo tiene que ejercer presiones sobre mi hermosa y altiva persona para que me afeite? ¿Que si estoy más guapo con eso? ¡Paparruchas! Con mi barba y mi loro de plástico sujetado al hombro, ¡me enfrento a todas las presiones que hayan! Aunque sufra la pena ésa que he dicho…

¡Ay! ¡Dichoso de mí! ¡Creo que algo se apodera de mí! ¡Rápido, tengo que hacer otra sincera declaración al juez!

Mi señoría, creo que pondré algo a esta vida que se podría calificar más bien de medio-fin. Bajaré, vaciaré mis bolsillos en un gesto de apoyo a una enorme multinacional y me compraré una Coca-Cola. Quiero chutarme de azúcar. ¿Lo veis? Las jodidas presiones sociales y las modas me han hecho tomar esa porquería dulce… ¡Arj! ¿Algún curso para ser otro miembro dócil de la sociedad?

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