Una amapola, salvada.

Era un día bonito en el monte de Villacorges. Un hombre y su abuela contemplaban el barranco Sangre de Mudo, con mucha profundidad -rondaba los 150 metros-. La anciana se desmayó cerca del borde de la garganta. Su nieto corrió para salvar a la amapola que iba a ser aplastada por un cuerpo humano de 77 años que estaba a punto de cometer un crimen de lesa flora. Lo empujó, cayendo así por un abismo hondo, en un bonito gesto.

Sin duda, el nieto demostró que la Humanidad sigue ofreciendo preciosos gestos y que no sólo destruimos la Naturaleza.

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