Oh, bienvenida no bienvenida.

Y ahí estaba yo, en la vera del camino pisando matojos de hierbas y flores bellas, moviendo lentamente mi magullado brazo hasta gesticular algo parecido a un saludo a la vez que decía “Hola” sin empleo alguno de sentimientos. Naturalmente, quería saludar a una página web con flacas piernas de dibujo animado, sonrisa falsa y ojos saltones graciosos que paseaba por ahí. Pero ella me ignoró, diciéndome, con los ojos absortos en alguna parte de mi cuerpo, un seco “No, gracias. Ya tengo una bienvenida”. Y se fue por allá… pensando en no encontrarme nunca.

Pues bien, la encontré en otra parte, Dinamarca, y pinté en su cuerpo una segunda bienvenida, completamente redundante e innecesaria. Pero había que hacerlo por mera diversión. Saqueé, por la fuerza, su tarjeta de identificación y pude saber que tenía un nombre estrafalario, “Absurdo de Espuma” y no contaba con número de identificación propio. Es más, me escandalicé con aquella tarjeta de cartulina mala que decía “Caballeros de la Justicia y la Luz” y sólo tenía el nombre, nada más.

Me fui, triunfante, tras ese acto innecesario que realicé por perder el tiempo. ¡Por fin una web que tiene dos bienvenidas!, pensé. Me froté las manos y me fui a ese horizonte en donde todos los buenos desaparecen sin más… para siempre.

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