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Los hombres de la Sociedad Moderna y… ¡sus terribles villanos!

diciembre 26, 2008

Les contaré una verdad absoluta, de las que nuestra sociedad se empeña en tapar, cual truco de magia, al mismo pueblo que la conforma. Una verdad cruel y de la buena. Les hablaré de unos individuos especiales, los hombres-sombra.

¿Conoce usted a aquellos hombres-sombra que susurran al oído a personas que parecen ser muy importantes? Ah, ¿usted se ha dado cuenta de esas cosas negras que dejan por el suelo? Son sus máscaras. Ya ve, son un poco descuidados. A pesar del escrupuloso cuidado en todo lo demás, usan métodos muy baratos para evitar que les reconozcan: se tapan la cara con sus manos, que quedan así completamente inútiles. Cuando la aplastante evidencia indica que hay que usar las manos para abrir la tapa de la cloaca de turno, su hábitat natural, se tapan con los brazos o bajan la cabeza. De vez en cuando, confían en la capacidad de la sociedad para olvidar rápidamente una cara vulgar que no les dice nada.

¿Y qué hacen ellos? Simplemente caminan, la mayoría del tiempo, por las cloacas observando las aguas fecales, disfrutando de sus fragancias, pensando en algún plan que urdir para colocarnos una moda nueva o tendencia y, lo más importante de todo, escoger, de manera selecta, su tiempo para no hacer nada. En el suelo siguen caminando, eso sí, por las zonas indicadas -generalmente barrios empresariales- para susurrar al oído de los grandes directivos de las empresas que cortan el bacalao en la Nación y en esas tierras lejanas que no pertenecen a nuestra Nación. Y poco después, una moda cualquiera -como algún cantante bello o una corriente del vestir que se pasará en dos días- surge cual brote de ébola.

Esos hombres que tan bien configuran la sociedad moderna, en sus ratos por las calles de la Ciudad, son tachados de “locos raros” o lindezas peores por personas que siguen incondicionalmente las modas que idearon. En mi memoria consta la anécdota de una mujer guapa que susurró al oído a su, no menos bella, amiga tras señalar a una sombra que estaba hablando con uno de tantos hombres trajeados cerca del edificio Worchester, perteneciente a la gran compañía textil LOSADA Y HERMANOS S.A. Ambas féminas iban con ropajes morados de una pieza -con sus tropezones blancos-, uno de los últimos gritos de la moda de otoño.

¿Y cómo urden las ideas para sus modas y tendencias? Muy sencillo. Se dedican a vagar, a pensar. Esperan a la inspiración divina, a ese chispazo. También saben cómo reciclar o rescatar modas y tendencias anteriores. Tomaremos prestado un testimonio de los suyos.

El dieciséis de abril del 2006 me encontraba caminando erráticamente por zonas de la cloaca que conocía perfectamente. Pensé en cómo les iba a esos del Más Arriba. Y en este momento dije… ¡Eureka! Creí que a las mujeres les iría bien un reciclaje de la moda que ideamos en primavera del 2005. A esa camiseta ajustada con rayas verdes, blancas y moradas había que añadir una raya naranja. Y listo. Así fue. Funcionó cuando se lanzó en mayo del 2006. La empresa tuvo muchísimas ventas y pronto colores chillones invadían algunas calles para acabar pronto en los fondos del armario. Entonces había que pensar más y más. Esto no parará nunca, me imagino.

SUS TERRIBLES ENEMIGOS, ESOS QUE VIVEN EN LA MISMA CLOACA.

Ellos no están solos en el complejo alcantarillado de la ciudad. De vez en cuando, saludan a los hombres ratón con una o dos palabras y pasan de largo. De paso, pegan un puñetazo al aire. Fantasean con poseer algún enemigo que ponga trabas a sus actividades, en un intento de autojustificación para ser más violentos. Pero no los hay, y los hipotéticos malos están muy atareados, lo cual les condena a ser muy pacíficos. Pongamos el caso de los susodichos hombres ratón y añadamos unas cuantas curiosidades de su sociedad y cultura.

Curiosamente, los hombres ratón son mucho más violentos, si excluimos su acto pacífico de andar por esas inmundas cloacas. Gustan de coger a algún ciudadano desprevenido cuando suben a la superficie para molerlo, ya de vuelta a las cloacas, con una piedra gorda -diferente en cada caso-, que según ellos es “La Piedra del Destino Final”. Normalmente, dicha víctima termina por morir ante la evidencia de más de veinte brutales golpes de piedra. Tienen el humor negro muy afinado. Se dignan a escribir cosas como “Víctima nº 127 – Una anciana. Ha muerto de ataque de piedra galopante, de manera inesperada” en folios que se acumulan en rincones apartados de sus hogares. De vez en cuando, cogen una piedra de cartón para demostrar bondad. En este caso, es probable que la victima grite un solitario ¡ay! o no hacerlo, por la evidente escasez de dolor, amén de poder volver a hacer su vida normal en la superficie.

También hablan con las ratas, siguiendo un rito ancestral. A lo que más llegan es a soltar 100 palabras seguidas sin respuesta, salvo un mordisco de rata repugnante. Y como es habitual, suelen chillar intensamente de dolor. También padecen en su Gran Día, el Grandfallon, cuando beben las aguas fecales de turno y sufren de intensos dolores en su estómago y alaridos adicionales para amenizar la escena. ¡Todo sea por las costumbres antiguas!, dicen ellos.

En realidad, sus costumbres datan de 1962, cuando una pareja de locos decidió construir un refugio en la sección E-23 del sistema de alcantarillado municipal. Se sabe que el esposo había huido recientemente de un manicomio y soñaba con disfrazarse de ratón para integrarse en otra sociedad. Y la esposa, tres cuartos de lo mismo. En vista de ello, no tardaron en tener un hijo y criarlo en las fantasías que ellos idearon en tres horas de aburrimiento supremo. Y así, de una nutrida descendencia que ha asistido habitualmente a la tienda de disfraces de más arriba para surtirse de una segunda piel, de políester habitualmente, se ha ido formando esa curiosa sociedad alternativa que no ha entrado nunca en la prensa generalista. Aclarar que la totalidad de sus miembros han recibido las dos siguientes lecciones del Mundo de Más Arriba, además de hacer abundante uso del incesto para prolongar su existencia por evidente falta de recursos humanos:

-¡Te compraremos un disfraz que formará parte de tu identidad imborrable! Cuando tengas hijitos, haz lo propio. Ya sabes, esa tienda de disfraces llamada “Jolgorio Infinito” y que te disfraza a un precio módico.

-Habitualmente debes subir a las alcantarillas y cazar a jugosos ciudadanos inocentes. Llévalos a tu hogar y mátalos sin piedad. Los sacrificios serán premiados por el Gran Dios Ratón, que te regalará una fotocopia de su sonrisa. Para ello, valen también los hombrecitos que trabajan en nuestras cloacas. ¡Pero nada de molestar a sociedades extrañas que compartan cloacas con nosotros!

Para finalizar, una curiosidad. Aquellas normas sagradas del mundo exterior también están en folios y sufren deterioro cada dos por tres. También en esta sociedad hacen de copistas improvisados para que no se pierdan nunca.

ORÍGENES DE LAS SOMBRAS OSCURAS QUE IMPONEN MODAS, YA SABE.

Y finiquito esta larga historia, que ayudará a comprender la Era de Construcción De la Sociedad Moderna, con un alegato sobre los orígenes de esos hombres-sombra. No tengo ni maldita idea. Creo que habrán salido de una postal de la nada como si de arte de magia se tratara. Tampoco sé cómo conocieron tan acertadamente a los peces gordos del mundillo para tener tal influencia, supongo que sería un inteligente y malvado plan urdido por nuestro Ocupadísimo Gobierno. Y punto.

¡Comentarista + Accidente!

diciembre 7, 2008

Prólogo por Andrés Pérez González:
Ah, el mundo del deporte. Tenemos a esos deportistas de pecho bello y cutis fortalecido que atraen la atención de miles de flashes vacíos y son comentados en boca de millones de seres humanos. También a esos desgraciados comentaristas que sólo son mencionados tímidamente al inicio de los acontecimientos deportivos, pero que acompañan a todo aficionado del deporte y son diana, siempre de segunda mano, de quejas. En las próximas líneas, les desgraciaremos un poco más. No creo que les importe tanto, ¿no?

CAPÍTULO 2:
“Ron Barr, conocido comentarista deportivo que reciclaba 23 veces al mes sus conocimientos sobre deporte, en un día de noviembre de 1995 ya no era el mismo. Durante 2 minutos, dentro de su cabina de comentarista, su cuerpo se volvió inestable porque sí*. Por todos lados, trataba de mutar hinchándose en partes selectas de su cuerpo al azar. Algo no salió bien. Estalló y murió en el acto, llenando el lugar de millones de pedazos suyos con sangre, vísceras y carne. Su compañero, promesa de comentarista y que simulaba ser muy amigo del señor Barr, se mostró indiferente. Quizás agradecía, en el fondo, una ducha atípica”.

CAPÍTULO 39:
“Vicente del Olmo, comentarista de quinta que campeaba por la tercera División de la Liga Española -sin merecer semejante división rebosante de juego-, sufrió el peligroso ataque de un alienígena, autóctono de la galaxia Xeor, que se vistió con un traje típico de lugareño de algún pueblo de Cuenca. Recibió un interesante disparo de pistola desintegradora y, sin querer, su cuerpo desapareció completamente sin dejar rastro. Así se callaba para siempre una voz célebre entre los futbolistas que nada tenían que aportar al mundo del fútbol salvo patadas a destiempo…”

CAPÍTULO 41:
“Jones Barry, comentarista deportivo de la Premier League inglesa, fue víctima de un escupitajo corrosivo de un alienígena de tipo jdidm, con esqueleto metálico y exoesqueleto de piedra marciana, mientras paseaba tranquilamente por una calle de Londres. Aclarar que el extraterrestre, de cinco metros, también estaba enfrascado en su paseo y escupía como lo hacía en su planeta natal por mera costumbre.

¿Cómo se disolvió semejante comentarista? Compartía la misma acera con dicho foráneo. Avanzó unos metros sin enterarse de nada y recibió una ducha repentina de ácido corrosivo, ante la indiferencia de amables y atentos ciudadanos ingleses habituados a las rarezas. Ni ese grito de niña desesperada, cuando el ácido ya se deslizaba cruelmente por los poros de su piel tras el chaparrón inicial en su cuero cabelludo, le salvó…”

* Una versión más completa, usando dos palabras más, se puede encontrar en el Libro de la Devastación del Comentarista, en Explosión 11.1.

Epílogo, por ese ser humano totalmente idéntico al que se atrevió a juntar letras en el prólogo:
En este folleto, devastadoramente resumido para aquellos que comprarán el espectacular libro, nos hemos decidido a hacer una buena y fácil selección de tres relatos sórdidos. Y ahí acaba nuestro cometido, demostrando cómo se rellena un epílogo por rellenar.