¡Comentarista + Accidente!

Prólogo por Andrés Pérez González:
Ah, el mundo del deporte. Tenemos a esos deportistas de pecho bello y cutis fortalecido que atraen la atención de miles de flashes vacíos y son comentados en boca de millones de seres humanos. También a esos desgraciados comentaristas que sólo son mencionados tímidamente al inicio de los acontecimientos deportivos, pero que acompañan a todo aficionado del deporte y son diana, siempre de segunda mano, de quejas. En las próximas líneas, les desgraciaremos un poco más. No creo que les importe tanto, ¿no?

CAPÍTULO 2:
“Ron Barr, conocido comentarista deportivo que reciclaba 23 veces al mes sus conocimientos sobre deporte, en un día de noviembre de 1995 ya no era el mismo. Durante 2 minutos, dentro de su cabina de comentarista, su cuerpo se volvió inestable porque sí*. Por todos lados, trataba de mutar hinchándose en partes selectas de su cuerpo al azar. Algo no salió bien. Estalló y murió en el acto, llenando el lugar de millones de pedazos suyos con sangre, vísceras y carne. Su compañero, promesa de comentarista y que simulaba ser muy amigo del señor Barr, se mostró indiferente. Quizás agradecía, en el fondo, una ducha atípica”.

CAPÍTULO 39:
“Vicente del Olmo, comentarista de quinta que campeaba por la tercera División de la Liga Española -sin merecer semejante división rebosante de juego-, sufrió el peligroso ataque de un alienígena, autóctono de la galaxia Xeor, que se vistió con un traje típico de lugareño de algún pueblo de Cuenca. Recibió un interesante disparo de pistola desintegradora y, sin querer, su cuerpo desapareció completamente sin dejar rastro. Así se callaba para siempre una voz célebre entre los futbolistas que nada tenían que aportar al mundo del fútbol salvo patadas a destiempo…”

CAPÍTULO 41:
“Jones Barry, comentarista deportivo de la Premier League inglesa, fue víctima de un escupitajo corrosivo de un alienígena de tipo jdidm, con esqueleto metálico y exoesqueleto de piedra marciana, mientras paseaba tranquilamente por una calle de Londres. Aclarar que el extraterrestre, de cinco metros, también estaba enfrascado en su paseo y escupía como lo hacía en su planeta natal por mera costumbre.

¿Cómo se disolvió semejante comentarista? Compartía la misma acera con dicho foráneo. Avanzó unos metros sin enterarse de nada y recibió una ducha repentina de ácido corrosivo, ante la indiferencia de amables y atentos ciudadanos ingleses habituados a las rarezas. Ni ese grito de niña desesperada, cuando el ácido ya se deslizaba cruelmente por los poros de su piel tras el chaparrón inicial en su cuero cabelludo, le salvó…”

* Una versión más completa, usando dos palabras más, se puede encontrar en el Libro de la Devastación del Comentarista, en Explosión 11.1.

Epílogo, por ese ser humano totalmente idéntico al que se atrevió a juntar letras en el prólogo:
En este folleto, devastadoramente resumido para aquellos que comprarán el espectacular libro, nos hemos decidido a hacer una buena y fácil selección de tres relatos sórdidos. Y ahí acaba nuestro cometido, demostrando cómo se rellena un epílogo por rellenar.

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