Españeando – Cruel documental sobre nuestro país. Capítulo 23, el funcionariado.

Un hombre-palo gigantesco, nuevo funcionario estatal, está derribando un hotel ilegal situado en un acantilado de las Palmas de Gran Canaria. Extiende su pierna y con un golpe invisible arranca de cuajo bastantes plantas del hotel. Gran parte de sus huéspedes gritan al unísono “Aaaaaaaaaaaaaaaaah”. Posteriormente, el silencio y un edificio que sólo tiene sus tres primeros pisos en perfecto estado. Recepción, Los Otros, unos huéspedes sueltos, y turistas ex-inocentes huyendo sin saber a dónde ir.

En los bajos del acantilado, unos peñascos ordinarios, escombros del objetivo de ese hombre-palo gigantesco y cadáveres sueltos. Teñido de rojo por un momento. Hasta que las olas, con su infinita paciencia, disuelven esa sangre humana débil y excesivamente temporal. El escenario en donde ha tenido que actuar ese funcionario, asignado a misiones canarias, no es tan precioso como lo podríamos imaginar, es pobre. Sólo hay cielo blanco. Y subsuelo también blanco. El lugar está mal definido, sólo encontramos líneas flacas -como un intento poco creíble de imitar un acantilado o un motivo ondulado que supuestamente representa el mar-.

Es, sin duda, una escena habitual en España desde el año 2021. Es la mejor solución que ha encontrado el Gobierno para hacer cumplir la ley de Costas, que estaba bajo unos interminables cajones recolectando su cuota gratuita de polvo mientras se apoyaba la idea monótona del “especula-especula” y el voraz ladrillo colonizaba todo tipo de tierras. Tras una tormenta de ideas, debate incluido, se decantó por la opción de crear hombres-palo descomunales -50 a 60 metros de altura- y con dos frases que soltar*. Y se consideró que serían funcionarios del Estado con sus derechos, como horario de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde y derecho a baja. ¿Y qué hay de la fabricación de estos señores? Se fabrican en la periferia de Zaragoza, en una nave industrial. Se transportan adecuadamente en un camión especial a los distintos puntos del país. En el caso canario, en barco.

* En las especificaciones sobre esos gigantes dice que deberán soltar dos frases según el momento. La primera, un “¡Yo romper malo!” cuando destruye el hotel ilegal de turno. La otra, “Estado, estado. Yo ser bueno”, cuando quiere decir al Estado que ha terminado con su trabajo.


Nos alejamos un poco. Vemos un tablero de corcho con una serie de dibujos surrealistas. Y giramos la cabeza. Estamos en la oficina de un funcionario del Ministerio de Defensa que ha deleitado a nuestros oídos con fantasías oníricas sobre el futuro de España además de escenificar cuidadosamente sus ilusiones a golpe de lápiz aprovechando ese bloque de papeles que tiene sobre la mesa, aparte de malgastar chinchetas. Comprobamos por última vez la oficina. Y salimos a la calle tras pasar por rutinarios pasillos y escaleras. Año 2009. Camiones de mudanza vulgares. Peatones que no saludan. Vida urbana a la española. Ni rastro de gigantismo. Amigos, esto es la maldita realidad de España.

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