Pensamientos interiores ante un cartucho de nada.

Ante un mancillado escaparate de una tienda de segunda mano repleto de videojuegos andrajosos, ¿qué podía hacer? Salivaba, perdiéndose la baba a lo largo y ancho de mi barba. ¿Qué diablos hacía? Simplemente admiraba un cartucho negro para la Game Boy Color compatible con viejos modelos de ese trasto de Nintendo. Sus clásicos relieves, los presentes en todo cartucho de ese tipo, no me amaban. Mire más abajo y entonces fue cuando empecé a derramar saliva por mis labios para caer en el infinito de la barbilla; ¡sí me amaban! Su pegatina, tan genérica ella, decía “Barbie: Aventura Submarina”, con una imagen borrosa en primer plano que mostraba a Barbie-Difusa en miniatura. Valía tres euros de nada, pero… ¡ay de mí! En mis bolsillos el vacío absoluto sólo conocía. Salí con congoja y un alma en pena. No iba a poder gozar de esos niveles de agua con los que jamás gozaba en videojuego alguno.

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