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…y Molyneux habló.

agosto 21, 2009

Desde la Empty Games Exposition, miércoles perdido.

Atroz miércoles, perro espacio vacío en el que nos hallamos. Sin nada, sin nada, ay. Esa maldita caja gigantesca con paredes blancas nos atoisga de aburrimiento. ¿Pero esto no era una feria de videojuegos, un antro maldito en donde hallar pantagruélica diversión hasta que las forzadas caricias de los agentes de seguridad nos devolvieran a la realidad con un seco: “Esto va a cerrar, lo siento”? ¿Y estos ridículos pases de prensa molestándonos con sus involuntarios movimientos?

…Y entonces sucedió, ¡oh, condenación! Había mucho menos vacío del que pensábamos. Una consola, la legendaria Phantom, se nos aparecía. Tan realista, tan holográfica… y nada podíamos tocar, cada uno de sus costados lo atravesábamos con fatua decepción. A la derecha, hombre calvo caminando nerviosamente. Hacíamos memoria. Verdad, una conferencia iba a empezar y se veía en el enorme televisor de plasma el logotipo de LIONHEAD. Orinábamos en los pantalones por obligación, ¡era Molyneux, y debíamos ensuciarnos por mero y artificioso placer!

Junto a las demás sillas de plástico, vacías y limpias, nos sentábamos. Diaspostivas en blanco, salvo un fondo blanco interrumpido por un rudo “BLANK”, el título del nuevo antijuego por excelencia. Un juego sin líneas de código, totalmente centrado en la autoparodia desde conferencias y en el gasto de propaganda fútil. Mirábamos con fruición blanco y más blanco, mientras oíamos a cierto calvo, que empezaba a ser desconocido, pronunciar boberías que capturábamos de vez en cuando. “Revolucionario”. “Asombroso”. “El jugador salivará”. Perlas para rellenar un cuaderno y reírse en casa.

Dejamos de prestar atención a tanto blanco. Redescubrimos a ese calvito, ¡el gran vendedor de crecepelo Peter Molyneux! Abrimos el oído. Nos volvimos más atentos y creamos una capa de saliva en nuestros trajes. Qué bien nos engañaba… qué bien divagaba… Ay, el maldito remate final a modo de profeta: “Y en verdad os digo que no será otro regüeldo más del videojuego, sino armonía virtual llena de polígonos y con el mojo de la diversión incluido”, sentenció Molyneux. Y terminamos por cagar, amén de eyacular. Escroto e intestinos quedaron completamente vacíos, ¡ay! ¡pero él habló, el antijuego queríamos para ya! Y pudimos perfumar muy bien esta exposición como remate final.

A casa volvimos, detenidos por exhibicionismo e intento de asesinato en el metro con un pantalón como arma química letal. Jobar con el Molyneux ése.

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