Eh, lo que queda de una cadena de emilios. ¿Te vienes?

Cuenta una leyenda urbana mutante, cómo no, completamente accesible a tontos e ilusos de campeonato, que en cualquier punto de España toda limusina hace de taxi improvisado y gratuito por altruismo. En la parte trasera, donde se ubica el jacuzzi, el rico de turno se limpia concienzudamente y cierra paulatinamente sus párpados –esto no varía, sea cual sea la versión-. Todo plebeyo espera hundir su trasero en estos comodísimos asientos de cuero con tal de recibir el “jamón”, una metáfora claramente referente a los bellos muslos que adornan a esa hermosa doncella que, normalmente, viaja en el asiento delantero derecho contemplando todas las bellezas estropeadas de la ciudad y hablándonos de vez en cuando (según la versión, como señalaré más adelante).

Se duerme ya el rico, metido en agua caliente, relajante y espumosa. Y al plebeyo con barba desordenada, hatillo y mal aspecto general la virtuosa fémina le señala. Y unas frases muy eróticas jamás faltan. A partir de este punto debemos señalar discrepancias en las diversas versiones de esta leyenda urbana, destinada a aumentar crédulamente la vida sexual del país: en todo caso la limusina te deja donde quieres apearte, sólo que unos dicen que al bajarte, la doncella del coche no te hace nada, no obstante, una nutrida prole de hermosas damas espera a que comparezcas en la acera para que las acompañes a tu hogar –el mismo destino final que aparece en todas las variaciones-.

Otra versión, más profética: Observas en una cafetería a una bella mujer que te saluda sin más y te hace algunos cariñitos, entonces suele aparecer la limusina que te lleva a donde tu buena voluntad quiere –en este punto, la doncella que va dentro no nos hace nada-. Ya en tu destino, la misma dama aparece y quiere que la lleves a tu casa para una supuesta fiesta. Hay quien ha agrandado la bola de esta versión y hasta ha añadido amigas para mayor diversión autoengañadora… Ya se imaginan lo que viene luego.

Y a fecha de hoy parece ser que la imaginación humana para este caso está ligeramente atrofiada, pues no tengo constancia de más versiones. En todo caso, la vida sexual virtual ha aumentado exponencialmente en los últimos años y esto sólo es un ejemplo, como dice el refrán: de aquellos polvos, estos lodos. Y pronto esperaré ver en mi bandeja de entrada más leyendas urbanas, ¡cuántos crédulos me conocen, demonios!

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