Sakonia liberada (otra vez).

Si bien la mala generosidad del mercado español para con nosotros nos ha ayudado a levantar cabeza (es, con diferencia, nuestro primer socio comercial), no ha sido suficiente. No ha bastado, asimismo, con los impuestos fijos que pagan todos (un 14%, revisable cada dos años). Se han desarrollado sociedades anónimas prometedoras como Danton-Terna, una de las mayores ferreterías si esto fuera Madrid, pero tampoco ha sido suficiente. Y encima está eso de la crisis, que jode a todos nuestros socios comerciales. El alambrado de nuestras murallas empieza a oxidarse. Nuestros ciudadanos necesitan tener la piel tersa. Todo lo que hacemos por ellos no deja de absorber recursos del tesoro público. Si la cosa continúa así, queridos ciudadanos, sufriremos la amenaza de unas cadenas invisibles: la bancarrota. Y si estamos en éstas, nos pondremos de rodillas ante Madrid y España para que nos acojan y nos libren de la pesada responsabilidad del gobierno propio.

Parece un dulce goloso, ¿verdad? ¡Pero no! ¡A pesar de hacer el doble de esfuerzo, ahora somos más libres que nunca! ¡Es un bien malditamente preciado! Y para conservarlo, hemos realizado algo innovador. Seremos la primera nación del mundo con un patrocinador junto al nombre. Así es, señores. Hemos firmado con Kelloggs un contrato de 900 millones de dólares al año y que durará 20 años. Ahora nuestro país se llamará Sakonia-Kelloggs. Y en nuestra rojiza bandera figurará el logotipo de esa corporación. Vale, hay un precio detrás, pero creemos que el nuevo maná de dinero lo compensará todo. Para empezar, ahora sólo venderemos sus cereales. Y a un precio subsidiado. Y siguiendo, dejaremos que construyan una nueva sede al lado del edificio del gobierno (¡y se conectarán con un pasillo improvisado!). Harán todo tipo de promociones, como la carrera de Kelloggs en la calle Antonio Machado.

Quizás esto no entraba en nuestros planes aquel ingenuo día del verano en donde empezábamos a saborear las mieles de la libertad, pero es lo que hay. Quizás no sea muy bueno para nuestra ánima comunitarista, pero también es lo que hay. Nuestra vida está llena de incertidumbre: nuestros cerebros son pequeños y tienen un banco de conocimientos constreñido que nos impide conocer todo lo que hay y habrá. Es de esperar que la fiesta sólo sea el primer paso. Gobernar esto requiere de muchos retos, como afrontar la imprevisión y tener ideas nuevas. Por eso Sakonia no tiene programa ni lo tendrá. Sólo hay cuatro palabras en nuestro ideario: libertad frente a España.

¡Ciudadanos, alcen sus brazos! ¡POR SAKONIA-KELLOGGS! ¡VIVA SAKONIA-KELLOGGS! ¡VIVA LA LIBERTAD!

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