Archive for the ‘Curso de cómo dotar de personalidad a seres inanimados’ Category

¡Farsa de incendio!

diciembre 15, 2009

Poderosas llamas de cartón rugían impotentes, con una majestuosa mezcla de rojo y amarillo pintada por lo que pareciera ser un niño. Impotentes altavoces a toda potencia para redondear la metáfora. Roles sociales asignados y personas definidas: un noble CABALLERO de mostacho con mucho igual, embutido en levita, y una DAMA que había de adoptar un papel indefenso, la chillona silente vestida de blanco genérico.

CABALLERO: ¿Qué veo? Incendio en Getafe a 3 km., bella casa victoriana. ¡Gracias, guión!

DAMA SILENTE: […] / Pensando: ¡Ah, el guión! ¡Menos mal, ese impotente fuego me acosa! ¡Un noble caballero con “mostacho ordinario” me va a rescatar! /

CABALLERO: Corcel brioso, ¡acorta por nosotros y por el guión ese interminable sendero!

DAMA SILENTE: […] / Pensando: ¡El caballero llegará! ¡Me da miedo eso, que quema una barbaridad! /

Inminente coincidencia. El CABALLERO llega en un Seat Panda blanco con pegatinas de un caballo. Intenso alarido de la DAMA. Contempla el CABALLERO la “majestuosa casa victoriana”, una vivienda de protección oficial dominada por el cobrizo.

DAMA EN TRANSICIÓN: Lee el guión. ¡Y ahora es cuando gritooooooo, tíooooooos! ¡Yeeeeeeeeeeeah!

CABALLERO: ¿¡Tíoooooos!? ¡Ah, rudos! ¿A dónde vamos? Eso degenerará infinitamente, ¡vivan los hombres de las cavernas! ¡Arre, ascensor! Lee el guión. Tercera planta, desde luego. Espera. Toc, toc.

Un ligero portón de madera se abre. CABALLERO y DAMA interactúan en silencio. DAMA señala a las llamas. CABALLERO se acerca y saca su botella de agua. El fuego se ablanda. DAMA agradece.

CABALLERO: ¿Lo ves? No calientan. Según el guión, son de cartón. ¿Quién ha sido el desaprensivo?

DAMA: Yo… yo… Lee el guión. Se dibuja lágrimas con tinta china.

CABALLERO: Mujer, ¿conque querías que yo consumiera un poco más de combustible para aportar más dineros de los míos al Estado en forma de impuestos indirectos? ¡Pérfida! ¿No sabes que, según el guión, soy un liberal clásico?

DAMA: No te preocupes. Lee el guión. Aportaré mis dineros a una empresa privada para alquilar una grúa y contratar a un operario para manejarla y eso.

CABALLERO: No más. Me sé el guión. ¿Para que baje un gran corazón rosado de cartón-piedra mientras nos abrazamos con intensidad?

DAMA: Supongo…

Así, un salto en el tiempo sucedió. En medio de un solar estaban DAMA y CABALLERO acercándose. La empresa constructora pertinente, representada por TÍO EN CORBATA, toleraba tal día de jolgorio. Y qué alegría la obrera, ¡día excepcional de asueto!

TÍO EN CORBATA mima un fajo de billetes.

CABALLERO: Somos dos pers… oh, ah, oh, aireeee, oh, ah, ooooooh, aaaaaah, aaagh, oooooh, eeeeh, oooh…

DAMA: Caballero, ya es suficiente. Te he acosado con más o menos veinte besos seguidos, ¿verdad? Estate quieto, que te contaré lo que ha ocurrido con esto… Eh… ¿Eh?

CABALLERO DISTANTE QUE SE ALEJA: A la orden, señorita.

DAMA, VOCIFERANDO: ¡Paguééééééééé muchoooooo a eseeeeeee señoooooooor de negroooooooo! ¡PARA QUE NOS AMÁRAMOS POR POCO PRECIO Y SIN APORTAR AL ESTADOOOOOOOOOOOOO! ¡VUELVEEEEEEE!

CABALLERO PARÁNDOSE: ¿Sí, dama? ¡Por ti, por todos! ¡Me darééééé la vueltaaaa! Uno, dos, tres, cuatro, cinco,… cuento por ti los pasos del arrepentimiento sincero, esos pas…

DAMA ALEGRE: ¡Cállate! ¡Matémonos a besos y caricias ya! ¡Mira, la grúa ya viene de la nada con el corazoncito!

CABALLERO: Efuuugh, oh, aaaaaah, oooooh, queeeehh biieeeen, ooooooooh, aaaaah, eeeecks…

DAMA: Cuántos besos, ¿verdad? Mira, te dejaré descansar… que ya viene el corazoncito rosita de la grúa… Lee el guión. Pero estate preparado. ¡Que luego te aplasto de verdad a besos, eh!

TÍO EN CORBATA: ¡Qué felicidad, qué diabluras hacen nuestros efebos…! Pero, ay, todo tiene que tener un final feliz… Llamaré a los servicios… eh… sociales o algo así. Lee el guión. Ah, servicios teatrales.

Del bullicioso Norte, atronadora furgoneta llega. Ruidosos conductores que bajan un gran TELÓN RODANTE con estrépito y lo empujan.

TELÓN RODANTE cojea. Ha perdido una rueda mientras es empujado a la izquierda. Exhibe un mensaje a la vista de todo el mundo, tapando así la escena.

TELÓN RODANTE: Fin.

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Españeando – Cruel documental sobre nuestro país. Capítulo 23, el funcionariado.

enero 16, 2009

Un hombre-palo gigantesco, nuevo funcionario estatal, está derribando un hotel ilegal situado en un acantilado de las Palmas de Gran Canaria. Extiende su pierna y con un golpe invisible arranca de cuajo bastantes plantas del hotel. Gran parte de sus huéspedes gritan al unísono “Aaaaaaaaaaaaaaaaah”. Posteriormente, el silencio y un edificio que sólo tiene sus tres primeros pisos en perfecto estado. Recepción, Los Otros, unos huéspedes sueltos, y turistas ex-inocentes huyendo sin saber a dónde ir.

En los bajos del acantilado, unos peñascos ordinarios, escombros del objetivo de ese hombre-palo gigantesco y cadáveres sueltos. Teñido de rojo por un momento. Hasta que las olas, con su infinita paciencia, disuelven esa sangre humana débil y excesivamente temporal. El escenario en donde ha tenido que actuar ese funcionario, asignado a misiones canarias, no es tan precioso como lo podríamos imaginar, es pobre. Sólo hay cielo blanco. Y subsuelo también blanco. El lugar está mal definido, sólo encontramos líneas flacas -como un intento poco creíble de imitar un acantilado o un motivo ondulado que supuestamente representa el mar-.

Es, sin duda, una escena habitual en España desde el año 2021. Es la mejor solución que ha encontrado el Gobierno para hacer cumplir la ley de Costas, que estaba bajo unos interminables cajones recolectando su cuota gratuita de polvo mientras se apoyaba la idea monótona del “especula-especula” y el voraz ladrillo colonizaba todo tipo de tierras. Tras una tormenta de ideas, debate incluido, se decantó por la opción de crear hombres-palo descomunales -50 a 60 metros de altura- y con dos frases que soltar*. Y se consideró que serían funcionarios del Estado con sus derechos, como horario de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde y derecho a baja. ¿Y qué hay de la fabricación de estos señores? Se fabrican en la periferia de Zaragoza, en una nave industrial. Se transportan adecuadamente en un camión especial a los distintos puntos del país. En el caso canario, en barco.

* En las especificaciones sobre esos gigantes dice que deberán soltar dos frases según el momento. La primera, un “¡Yo romper malo!” cuando destruye el hotel ilegal de turno. La otra, “Estado, estado. Yo ser bueno”, cuando quiere decir al Estado que ha terminado con su trabajo.


Nos alejamos un poco. Vemos un tablero de corcho con una serie de dibujos surrealistas. Y giramos la cabeza. Estamos en la oficina de un funcionario del Ministerio de Defensa que ha deleitado a nuestros oídos con fantasías oníricas sobre el futuro de España además de escenificar cuidadosamente sus ilusiones a golpe de lápiz aprovechando ese bloque de papeles que tiene sobre la mesa, aparte de malgastar chinchetas. Comprobamos por última vez la oficina. Y salimos a la calle tras pasar por rutinarios pasillos y escaleras. Año 2009. Camiones de mudanza vulgares. Peatones que no saludan. Vida urbana a la española. Ni rastro de gigantismo. Amigos, esto es la maldita realidad de España.

¡Aprenda de nuevo el dichoso abecedario!

octubre 31, 2008

Y estaba el Ser Supremo en su butaca, fumando en pipa. Había aprendido muchas cosas de los vulgares seres humanos y gozaba con ellas. Decidió señalar al azar por todo el mundo. Unos cuantos humanos específicos, hasta el momento inanimados y sin vida aparente, fueron los elegidos como sujetos de pruebas para sus nuevas historias absurdas, con el abecedario como telón de fondo. Perdieron toda su cordura en el intento y jamás volvieron a ser los mismos…

En algo más pensó la entidad divina, contrató a un narrador que podía relatar al mismo tiempo tanto el meterse en la piel del protagonista de turno como relatar su dolorosa caída de forma omnisciente. Y decidió publicitar esta cosa como un proyecto de aprendizaje del abecedario, dando sentido así al título de esta narración de carácter didáctico.

A
“Estás invitada a la fiesta,… lata vacía… Eh…”

El sujeto de pruebas A jamás pudo separar la fiesta de su alma, aún cuando estaba en su chabola decorada con cartones, piezas del chatarrero y algo de tela.

B
“Como tu mamá, te digo que dejes de morder este pez”.

El sujeto de pruebas B, una fémina de cuarenta y dos años, obvió la existencia de su hijo mientras contemplaba el juguete de la película “Tiburón”, propiedad del vástago desde su último cumpleaños.

C
“¡A ver, ladrillo! ¡Atente a mis preceptos democráticos, que llevo 9 años gobernando a rucios como vosotros!”.

El sujeto de pruebas C gobernó durante 12 años una casa en ruinas desconociendo que podía ser presidente del Gobierno.

D y E
-¡Tus espadazos podrían cortar el aire, Douglas!
-¡Adam! ¿Sabes que necesitas sodio o lo que sea para tu escudo?

Ambos sujetos de pruebas, D y E, consiguieron coincidir en el espacio y el tiempo, pero tuvieron mala suerte. Cayeron en la época del Imperio Romano, siendo enviados al Coliseo en calidad de gladiadores para que el pueblo romano pudiera disfrutar de los sudores de estos prometedores periodistas que trabajaban de becarios en algún periódico de mala muerte.

F

“Es usted fundamentalmente hermosa, señorita María”.

El sujeto de pruebas F vivió una vida absolutamente vulgar, sólo alababa a las chicas realmente bellas hasta que, después de su alabanza número cuatro, cayó en una alcantarilla y murió en el acto.

G

“¡Hombre! ¿Cómo estás? Dale al “leer más”, ¡resalao!”.
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Robert Maroon: Un gran ser que no sabía nadar en un bol.

mayo 18, 2008

Primera parte: El conocimiento de Robert Maroon.

Comía en casa, unos bonitos macarrones dentro de un bol. Los comía sin pasión, a toda velocidad. ¿Por qué? La normalidad, supongo. Terminé. ¿O no debería decirlo? En efecto. Asomaba alguien. Un solitario macarrón. Sin saber el porqué, le cogí un espantoso cariño. Dos minutos después ya tenía nombre que ponerle. Fue rápido, Robert Maroon. Pasó al bolsillo de mi camisa.

Segunda parte: La mansión conoce a Robert.

Un amigo rico me invitó a su fiesta. Caminé. En el camino le dije a Maroon que no nos preocupáramos, que estuviéramos tranquilos. Me permití el lujo de pasar por la mansión. Alguien me llamó para un discurso, era el mismo amigo. Me consideraba divertido. Entonces subí a una silla, enseñé a Robert, hablé y bajé. Creo que oí carcajadas. Si es así, me alegraré.

Tercera parte: Robert casi muere.

Un día, cuando volvía de casa, tropecé con algo. Iba a toda velocidad contra la pared. Sin saber cómo, pude desviar un poco mi camino. Mi hombro se estampó, y de esta forma salvé a Robert.

Cuarta parte: Jodo la trilogía.

Robert Maroon se relaja en mi hogar con la tranquilidad que el Mundo le ofrece -dieciséis minutos con ocho segundos de interés T.A.E.-. Cuando me entra un hambre atroz, le quiero comer. Pero recuerdo. Calma, calma, calma. Robert es mi gran amigo y me ha dado mucho en la vida.