Archive for the ‘Uncategorized’ Category

La mascota de Rani

diciembre 31, 2016

Rani iba a lomos de su mascota. Los rumores indicaban cierta naturaleza equina. Lo ató a Alguna Parte. Se fue a Otra Alguna Parte. Al volver a Alguna Parte, sólo quedaba la cuerda. ¡El narrador omnisciente sabía que habían secuestrado a su mascota! Se horrorizó. Un niño le dijo: “¿Pregunta por su caballo? ¡Mario, el de verde y la rubia ésa lo han secuestrado!”. ¿Dónde? Sospechó. Él era del campo más ignoto posible. Su deducción le llevó a la Ciudad más Próxima, por la cual pagó veinte euros. Mientras soportaba el hedor de las entrañas del corcel motorizado, un viejo, Titikaka, no dejaba de darle la murga con sus continuas loas a Franco y Fidel. Rani solucionó el entuerto callándole con la única manzana que le quedaba, como a los cerdos.

Llegó a la Ciudad, Sevilla, según los códices antiguos. Los esbirros de Mario, Luigi y Peach estimaron que alguien como Rani llegaría. Le convirtieron en un cubo de Rubik. Inmediatamente, vino una gitana, con un dispositivo misterioso, y le salvó el culo aporreando aleatoriamente los botones. Rani volvió a ser reconocible, aunque con diferencias insustanciales, como una enorme mancha en la espalda y una nariz deformada. Tras ello, procedió a entrar en el Castillo, derrotando uno a uno a los esbirros, hasta que entró en el bañó y se encontró con Peach, desnuda. Rani llamó a su amigo Dutch para que la violara.

Una hora más tarde, siguió su camino y vio a Mario y Luigi dormidos. Les afeitó el bigote. No se enteraron. Y Rani obtuvo la llave bajo el extinto bigote de Mario. Oportunamente, llevaba a la jaula de su mascota, donde no existía más que una nota,

Rani, si has llegado hasta aquí es que eres tonto de remate. Nunca secuestramos tu mascota, sino que experimentamos con ella y se transformó en Godzilla. ¡Ja, ja, ja, so idiota! Firmado, Mario.

Se horrorizó y salió del castillo con tanta premura que se tropezó con una roca y se desmayó. Le llevaron al hospital. Estaba en coma profundo. Tres años más tarde despertó. Justamente, tras unos instantes de reconocer sus alrededores, vio a Godzilla. Precipitadamente, alcanzó una viagra en su cómoda. Cuando el monstruo abrió la boca, la arrojó. Al carecer de pene, a Godzilla se le alargó otra cosa, el corazón. Cayó fulminado. Fue proclamado héroe del mundo, con cuantiosas dádivas. En consecuencia, se mudó a Japón, donde fue subcampeón del Go, celebrándolo con un salto mortal hacia atrás, y atesoraba una de las diez mayores colecciones nacionales de manganime.

Rani jamás supó qué pasó con Mario, Luigi y Peach, pero como aquí somos muy cojonudos, lo contamos. Mario se retiró de la fontanería ya que estaba muy viejo. Propuso matrimonio a Peach para vivir cómodamente en un castillo de lujo, pero ella ya tenía un amante, Bowser, que le follaba cada viernes. Mario, entonces, vagó, irreconocible, por las calles de Nueva York, sin motivos para vivir. Tres años más tarde, se suicidó tirándose del puente de Brooklyn.

Peach descubrió a Bowser con tres Toadettes, de las más guapas del reino. El Rey Koopa acabó ahorcado. Peach entró en una gran depresión y se arruinó en el casino. Al final, embargaron su castillo y terminó viviendo en una residencia, donde murió con 74 años, cuando su cuidadora confundió su medicación semanal con matarratas.

Luigi se salvó de la maldición casándose con una famosísima actriz de Hollywood y saliendo en los programas del corazón. Ganó tanta pasta que compró Nintendo y algunas empresas más. Era un potentado. Murió a los 98 años al excederse con la Viagra mientras se trajinaba a las prostitutas.

Actuamente, se investiga si Peach fue asesinada o hubo negligencia médica.

El manuscrito

agosto 19, 2015

En un cajón, olvidado del mundo, de todo pesar y alegría, unos folios se estaban deteriorando. Nadie reparaba en ellos, excepto el que les narra. Este narrador llegó a asaltar aquella casa, cometiendo un delito que no era tal en aquellos eones. La curiosidad era fortísima, había que saber qué poseía. En aquella habitación polvorienta, con puerta chirriante y abandonada de la mano de Dios, una que sin duda tendría una interesantísima historia personal, estaba el maldito cajón. Lo abrió, con algo de ruido. Pero no importaba. Atacaban los bárbaros. La ley. La propiedad privada. Todo, al garete.

El ruido era enmascarado por el de un mortero en pagos cercanos. Con un leve temblor, el Narrador inspeccionó. Sólo habían papeles. Se sentó en una incómoda silla y empezó a leer. Había un nexo. Había una historia. Había un sentido. Ahí había una posible novela, un bombazo. Para la quincuagésima página, ya le parecía la mejor que había leído nunca. Bajó por un instante. Vio. Leyó dificultosamente el buzón. Dedujo su nombre. Anotó. Salió, esquivando balas. Acabó en lo ignoto.

Eones más tarde, ya sin bárbaros, la obra sería traducida al vigésimo quinto idioma, reciclando los elogios del siempre. El provecto Narrador, a las puertas de la muerte, sonreía modestamente, como si no hiciera justicia con tal alhaja.

Sin embargo, en sus entrañas sabía muy bien lo que se había hecho.

Sonreía más.

El hombre que publicaba una vez al año

octubre 15, 2014

En las lejanas estepas, Dios sabe dónde, estepas que fueron apenas exploradas por grupúsculos aislados de zalomaths, todos ellos más que muertos frente al primer alud, una solitaria cabaña se rehacía constantemente frente a las inclemencias, todavía en boga por estos lares. Ahí moraba un hombre, el Autor, que había conseguido llevar la civilización lejos, transportando cables variados ahí, con sus ahorros. De aquel hombre no se le conocía mucho más, salvo que publicaba algún texto una vez al año. Sus razones tendría, porque no cabe dudar de la flaqueza de sus ocios ahí.

Lo que publicaba era de una excepcionalidad patente, una prosa igualada poquísimas veces y un talento narrativo sin par incluso comparándolo con la mayoría de los premiados literarios. La Gente aprendió a convivir con su extraña periodicidad, porque se abalanzaban frente a nuevos renglones, saliendo a continuación interpretaciones de todo jaez, hasta formar una extraña literatura, de estilo talmúdico, que excedía en tamaño a todo lo que hubiera podido escribir el Autor y que circulaba por una multiplicidad de mentideros.

Era un círculo misterioso muy frágil. Con que el autor publicara, por accidente, algo nuevo con menos de nueve meses de diferencia, todo se hubiera descoyuntado, habría menos razones para la metanarrativa y se abrirían las puertas del infierno a la vulgaridad. Absurdas hipótesis, pero la ficción debía seguir.

Aquel hombre seguiría publicando en años distintos. Hasta que una inclemencia incontrolable… y entonces, una rutina sempiterna se revelaría como una simpática motita dentro del tiempo cósmico, una brevísima anécdota.

Bifumania S.A.

junio 15, 2012

Por Hernando Kelly Crichett

Hoy en día parece que esté de moda fragmentar España. Lo que hubiera sido un escándalo hace pocas décadas no lo es hoy: ya hay 137 microestados, siendo Sakonia-Kelloggs la que abrió el camino. Se suceden las historias de éxito, a la vez que los fallos se olvidan pronto. Yo, haciendo de memoria colectiva, intentaré señalar uno de estos fracasos. La madre de todos. Desde entonces, el ritmo de declaración de microestados se ha aminorado bastante y no parece muy probable que vaya a pasar de doscientos.

Bifu se convirtió en un mito en Coria del Río. Reclutó primero a casi todos los que no eran provectos y se fue haciendo conocido, obteniendo fama y aceptación poco a poco. Consiguió unir a todas las comunidades de la zona en el plazo de unos pocos años, al mismo tiempo que desarrollaba su bitácora (y futura empresa), Bifumania. Se larvaba un culto a la personalidad que se consumó unos años más tarde, cuando obtuvo la alcaldía del pueblo por mayoría absoluta (más del 95% de los votos), presentándose como candidato independiente. Tenía una base social para rato. Y aprovechó. Optó por apropiarse de todo el suelo del pueblo y empezó derribando los edificios abandonados para no levantar sospechas. Al mismo tiempo, desarrollaba en la práctica sus ideas.

Se cambió el sistema educativo por uno más propagandístico y acorde a la escuela libre Padeia. Se fomentó la educación entre los adultos. Por otro lado, Bifumania se convirtió en una megacorporación. Bifu, para ello, ordenó durante dos décadas el derribo de toda Coria del Río para construir la megasede en donde se alojaría Bifumania S.A. y, por consiguiente, todo el pueblo (ahora vivirían encerrados en dos gigantescos edificios de cristal con un gran puente que los conectaría, a temperatura siempre adecuada, si obviamos la tercera queja más frecuente, que si hacía mucho calor o frío). Dichos edificios poseían varias secciones que podían ser derrumbadas rápidamente. Cada una de ellas era independiente, aunque estuviera conectada con las otras en cada planta por galerías de cristal.

Sus ideas anarcocomunistas se desarrollaron en Bifumania, donde se impuso un sistema educativo libertario mejorado y un sistema que daba libertad responsable a cada uno, a su vez que castigaba los excesos. Proporcionaba vivienda a todo el mundo, 90 metros cuadrados para cada uno independientemente de sus características.

Todo ciudadano, al detectar diversas máquinas cómo abría los párpados, era bendecido con las Bifunoticias, que exponían películas y estadísticas sin contexto. Por cierto, no eran ciudadanos. Eran bifupersonas con una carta propia de derechos y obligaciones humanas, al margen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Había hospitales en cada sección. Tiendas con precios plenamente subsidiados.

Bifu se excusó en que en su sociedad no existían jerarquías, que él era sólo uno de los ordenadores de la sociedad para evitar caos. Asimismo, también hacía el papel de la policía, velando por el bien común. Y esta vez dijo que lo hacía de verdad. Bueno, quizás abusó del poder: contrató a un séquito de ordenadores. No obstante, asegura él que el proceso fue igualitario y democrático.

Un día, ante sus ojos, se consumó su ideal anarcocomunista. Y devino en tragedia, cuando sucedió en la Sección 5 un motín violento entre canis. Bifu optó por hacer derrumbar la Sección 5, pues no halló otro modo de resolver eso. Tenía una interpretación capiciosa de lo radical.

Eso generó unas protestas que en poco tiempo pasaron a mayores. Fue la primera y última dificultad seria de Bifu, pues optó por cargarse a un mogollón presionando al azar botones de diversas secciones. Al final derrumbó su sección y… sobrevivió. Sus superviventes emigraron. Unos reconstruyeron la vieja Coria, que se referirá más adelante. Otros se fueron al resto de España y Europa.

En esta obra maestra de ingeniería social, había una sección de la vieja Coria, olvidada por Bifu, que aguantaba. Unos edificios desvencijados y mantenidos con medios precarios. Es la parte de la Coria que resiste a la Corporación, si me permiten la epopeya. Bifu había comprado las vidas del 75% de los ciudadanos de esa zona, el 25% restante se ha negado. Un cuartil que sería recompensado con migrantes cuando el caos en Bifumania.

De esta semilla, nació una nueva Coria igual de fuerte y fea que, por unanimidad, se volvió a anexionar a España. Hasta Bifu, convaleciente, emigró. Y se encontró con una fracción de sus derechos: era persona non grata.