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¿Y si los malos de The Mission fueran otros?: una exploración del fanfic

diciembre 10, 2017

Según el canon oficial del Gran Libro de Nike (vol. 3: p. 283), en el universo de La Misión los villanos son ninjas robóticos que custodian un balón robado, tal y como se muestra en este anuncio:

Y en su videojuego derivado:

¿El contexto? Que un análisis del The Mission (PSX) hable:

Las fuerzas del mal del fútbol han robado el balón “Geo Merlín”. Para restaurarlo han su legítima procedencia se ha creado un fabuloso equipo de futbolistas de primerísimo nivel, compuesto por los mejores y más habilidosos futbolistas del mundo. (sic)

Se plantea, así, una separación extrema entre el mal y el bien, aprovechando cientos de años de contingencias históricas, en donde el robo resulta ser una estrategia subóptima para las interacciones sociales a largo plazo y los futbolistas son héroes con exposición comercial, por lo que hay que deshumanizar a los villanos (en este caso, literalmente). También se plantea la perpetuación de jerarquías en ambos bandos (jefe y esbirros – entrenador y jugadores). Pero… ¿y si fueran otros agentes, en pos de buscar una explicación forzada a porqué codician un balón que se produjo en masa por aquel entonces, el Geo Merlin? Sugerimos ideas para enriquecer el universo de La Misión, con límites marcados: al menos, un personaje que tiene algún tipo de relación con el balón de Geo Merlin (un mecanismo que desencadena la acción). A su vez, dicho balón debe existir como fin.

Pretendemos demostrar así que el fanfic puede ser una vía para ampliar el universo de cualquier videojuego, incluso los que a priori no parecen ser candidatos para ello. Si queremos pintarlo con mayor trascendencia, digamos que es una campaña para sacar al mundo de sus clichés, a enseñar que hay un mundo más allá de los Final Fantasy, los The Elder Scrolls, Marios, Kingdom Hearts etcétera.

1) Condiciones sociales empobrecidas

En este barrio, tenemos a unos chicos que intentaban conseguir un balón y se habían encaprichado con el Geo Merlin a partir de lo que consiguieron de la basura, ya sea un anuncio de periódico, o lo que vieron en la tele, «el balón de las Grandes Ligas». Un símbolo de prestigio, estudiado por diversos científicos sociales, de Thorstein Veblen a Chaim Fershtman. Entonces, en el mundo que diseñamos, ¡da la arbitraria casualidad de que había un SOLO balón en un LUGAR especial justamente cerca de donde estaban esos chavales! Entonces, alguien (un agente o un personaje si preferís convertirlo en cuento) se da cuenta de lo que traman los niños y decide realizar una acción, como enviar a los futbolistas, para tener x propósito en relación con el balón Geo Merlin. Podemos añadirle dramatismo social. Digamos que los futbolistas están al servicio de señores ricos que, sin pretenderlo específicamente, están alimentando la desigualdad. Cuídense del enfoque ahí, que es fácil pintarlo como historia de opresión o como una batalla heroica de los futbolistas.

2) El viaje del héroe

Nuestro héroe, que puede ser un futbolista genérico, está en alguna de las Grandes Ligas. Preferiblemente, está con el Geo Merlin en sus pies en algún instante decisivo. Digamos que va a tirar a puerta en el minuto 90 o mete un gran pase que deja solo a otro jugador. Entonces intervienen otros personajes, preferiblemente encapuchados y gordinflones, pero con un objetivo: el balón. Saltan al campo, y en este punto podemos decidir si crear unos personajes que intenten interceptarlos o no, asumiendo un mundo en donde la seguridad es escasa. Ocurre un momento de turbación que vamos a describir como queramos, ¡es la ignición de nuestra historia! En cualquier caso, el Jugador se queda sin balón y su objetivo se frustra.

Esto crea un incentivo para buscarlo. Entonces es cuando ignoramos muchos elementos (¿que en el estadio hay muchas otras pelotas? No importa, distraeríamos al lector). Ahora se trata de un héroe viajando por donde sea, por los tres ejes dimensionales, atendiendo incluso a clichés como los planteados por Joseph Campbell en su El héroe de las mil caras. Sólo tiene una misión: recuperar el balón y confiar en que sea aclamado, de acuerdo con un modelo de la masa como un personaje individual que construiremos en nuestra narrativa, un glorioso truco literario. El encuentro entre el Jugador y su Enemigo puede ser pintado de miles de maneras distintas, pero supongamos una batalla épica. Una victoria pírrica si lo prefieren, con un Jugador muy magullado pero sonriente. Lo suficiente como para equilibrar el deseo entre incertidumbre y las ansias de un final feliz, además de dejar buena sensación: ese héroe se ha esforzado por lo que importa, puede ser un buen modelo social.

¡Pero no se olviden de narrar algunos pormenores del viaje heroico! ¡De sus obstáculos! ¡Que esto le añade riqueza a la historia!

3) El estado de ánimo colectivo

Hay un solo balón Geo Merlin en el planeta, al cual añadiremos valor en función de su escasez y de propiedades intrínsecas (y preferiblemente intangibles) como que sólo este balón puede garantizar el buen fútbol que enardecerá a unas masas sin historia previa, un montón de personajes improvisados para nuestro fanfic. Esas masas tenían un interruptor que fue activado cuando Nike terminó de fabricar su primer y único Geo Merlin. Entonces llegan otros agentes (moralmente despreciables) que hacen cualquier cosa con el balón, menos lo que las masas desean, como robar o pincharlo. Sus motivos no nos importan (o sí, si queremos una historia mejor). Las masas están indignadas, pero no es tan fácil para el público identificarse con ellas como los héroes, a no ser que hagamos el truco de fundirlas en un solo personaje, una representación colectiva.

Y entonces sacamos una solución ad hoc, una serie de héroes fácilmente identificables: los futbolistas que han estado dando a las masas ese buen fútbol. Con sus maneras, terminan por combatir a aquellos «seres despreciables» para recuperar esta vez el Geo Merlin, volver a construir o lo que imaginéis con tal de volver a jugar. El balón vuelve al final, porque el final feliz ya se supone, aunque lo difícil es ejecutar los suficientes trucos literarios como para que ese final sea sorprendente a ojos del lector. También, si se desea, se puede añadir que este evento, casualmente, restauró el equilibrio y la felicidad del mundo que concebimos, un mundo en donde esas decenas de miles de personas y los jugadores a los cuales observan son los protagonistas, ¡qué sorpresa!

4) El costumbrismo

Hay un Geo Merlin laboriosamente financiado por una pandilla de amigos. Con él juegan. ¡Y entonces le pasa algo, buen motivo para iniciar una historia que alude al poder de la amistad! ¿Qué es ese algo? Demasiadas explicaciones: vayamos al cliché. El balón cae en un grupo de villanos, con diversas motivaciones, todas ellas relativas al costumbrismo. Ahí no hay grandes fuerzas. Imaginemos una pandilla de colegio que, por un conjunto S de motivos, se las tienen con nuestros héroes. O por hacerlo aún más costumbrista, juegan en un parque arbolado, uno patea mal el balón y se pierde entre el follaje. En ambos casos, la cooperación, condición necesaria para una relación duradera de amistad, aparece en todo su esplendor para brindar un final feliz al lector y hasta una moraleja.

5) Una metanarrativa

Hay un estado platónico en el anuncio y los jugadores, ignorantes en su caverna, consideran a duras penas que todos estos nefastos controles del juego de PSX son así como les hicieron. Ponen todo su empeño en recuperar el balón, de acuerdo con el cánon de The Mission. Pero aquellos ninjas no son los villanos de verdad… tachán, ¿quiénes serán? Se descubre la empresa matriz de los ninjas robóticos. Sin quererlo (si queremos una motivación realista) o iluminados por una fuerza superior (si queremos una motivación forzada, un deus ex machina), salen de su caverna. Descubren la verdad. Se sienten defraudados por unos semidioses programadores. Reclaman. Ahí se puede pintar una historia profunda sobre los dramas humanos. Recomiendo petarlo de referencias reales.

6) Un futuro posapocalíptico

¿Hace usted el escenario o se lo hacen otros? Si bien puede aportar credibilidad a la historia, tampoco es tan imprescindible. Pero, a su vez, el escenario importa: puede hacer más creíble la escasez del balón Geo Merlin. Ya sabe usted, escasez de recursos y el balón no podía ser menos. Alguien quiere jugar al fútbol como sea después de la Gran Guerra, hacer algo en este yermo. Sobreviviendo y mostrando cinismo (no necesariamente, pero enriquece la historia), viaja por el mundo y procura buscar su codiciado balón, enfrentándose a unos robots que lo custodian o a la radiación. Si fuera una búsqueda inocua, la historia perdería emoción y vigor.

Inciso: ¿Por qué el balón Geo Merlin se esconde en un edificio? En el canon oficial, vemos cómo los villanos tienen un edificio de gran tamaño convertido en fortaleza, privándole de todo uso residencial y laboral. Cuesta mucho encontrar una explicación racional a porqué un balón se esconde en semejante engendro. ¿Esconderá un espectáculo épico que están interesados en promover, pues es su verdadera fuente de ingresos?

Conclusiones:

El universo que ofreció Nike fue arramblado pronto en pos de nuevas campañas de márketing: dado un conjunto evolutivo de preferencias en la sociedad (si en t, las preferencias son A y B, en t+1 pueden ser A* y B), la creencia de que hay que renovar la imagen de marca según las características de tu público objetivo parece no ser tan descabellada y Nike no se desviaba de ello. Había razones. Si bien el anuncio no es memorable (aunque tampoco infame), el juego es otra cosa. Todos los textos que salían cabían en una hoja y sus controles no respondían nada bien, con lo que la experiencia jugable se alteraba profundamente (y muchos análisis coincidían en las bajas notas).

Pero en este escrito hemos demostrado que con unas pocas operaciones (añadir, modificar o quitar piezas de información) podemos enriquecer el universo de The Mission de una manera inconcebible.

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La mascota de Rani

diciembre 31, 2016

Rani iba a lomos de su mascota. Los rumores indicaban cierta naturaleza equina. Lo ató a Alguna Parte. Se fue a Otra Alguna Parte. Al volver a Alguna Parte, sólo quedaba la cuerda. ¡El narrador omnisciente sabía que habían secuestrado a su mascota! Se horrorizó. Un niño le dijo: “¿Pregunta por su caballo? ¡Mario, el de verde y la rubia ésa lo han secuestrado!”. ¿Dónde? Sospechó. Él era del campo más ignoto posible. Su deducción le llevó a la Ciudad más Próxima, por la cual pagó veinte euros. Mientras soportaba el hedor de las entrañas del corcel motorizado, un viejo, Titikaka, no dejaba de darle la murga con sus continuas loas a Franco y Fidel. Rani solucionó el entuerto callándole con la única manzana que le quedaba, como a los cerdos.

Llegó a la Ciudad, Sevilla, según los códices antiguos. Los esbirros de Mario, Luigi y Peach estimaron que alguien como Rani llegaría. Le convirtieron en un cubo de Rubik. Inmediatamente, vino una gitana, con un dispositivo misterioso, y le salvó el culo aporreando aleatoriamente los botones. Rani volvió a ser reconocible, aunque con diferencias insustanciales, como una enorme mancha en la espalda y una nariz deformada. Tras ello, procedió a entrar en el Castillo, derrotando uno a uno a los esbirros, hasta que entró en el bañó y se encontró con Peach, desnuda. Rani llamó a su amigo Dutch para que la violara.

Una hora más tarde, siguió su camino y vio a Mario y Luigi dormidos. Les afeitó el bigote. No se enteraron. Y Rani obtuvo la llave bajo el extinto bigote de Mario. Oportunamente, llevaba a la jaula de su mascota, donde no existía más que una nota,

Rani, si has llegado hasta aquí es que eres tonto de remate. Nunca secuestramos tu mascota, sino que experimentamos con ella y se transformó en Godzilla. ¡Ja, ja, ja, so idiota! Firmado, Mario.

Se horrorizó y salió del castillo con tanta premura que se tropezó con una roca y se desmayó. Le llevaron al hospital. Estaba en coma profundo. Tres años más tarde despertó. Justamente, tras unos instantes de reconocer sus alrededores, vio a Godzilla. Precipitadamente, alcanzó una viagra en su cómoda. Cuando el monstruo abrió la boca, la arrojó. Al carecer de pene, a Godzilla se le alargó otra cosa, el corazón. Cayó fulminado. Fue proclamado héroe del mundo, con cuantiosas dádivas. En consecuencia, se mudó a Japón, donde fue subcampeón del Go, celebrándolo con un salto mortal hacia atrás, y atesoraba una de las diez mayores colecciones nacionales de manganime.

Rani jamás supó qué pasó con Mario, Luigi y Peach, pero como aquí somos muy cojonudos, lo contamos. Mario se retiró de la fontanería ya que estaba muy viejo. Propuso matrimonio a Peach para vivir cómodamente en un castillo de lujo, pero ella ya tenía un amante, Bowser, que le follaba cada viernes. Mario, entonces, vagó, irreconocible, por las calles de Nueva York, sin motivos para vivir. Tres años más tarde, se suicidó tirándose del puente de Brooklyn.

Peach descubrió a Bowser con tres Toadettes, de las más guapas del reino. El Rey Koopa acabó ahorcado. Peach entró en una gran depresión y se arruinó en el casino. Al final, embargaron su castillo y terminó viviendo en una residencia, donde murió con 74 años, cuando su cuidadora confundió su medicación semanal con matarratas.

Luigi se salvó de la maldición casándose con una famosísima actriz de Hollywood y saliendo en los programas del corazón. Ganó tanta pasta que compró Nintendo y algunas empresas más. Era un potentado. Murió a los 98 años al excederse con la Viagra mientras se trajinaba a las prostitutas.

Actuamente, se investiga si Peach fue asesinada o hubo negligencia médica.

El manuscrito

agosto 19, 2015

En un cajón, olvidado del mundo, de todo pesar y alegría, unos folios se estaban deteriorando. Nadie reparaba en ellos, excepto el que les narra. Este narrador llegó a asaltar aquella casa, cometiendo un delito que no era tal en aquellos eones. La curiosidad era fortísima, había que saber qué poseía. En aquella habitación polvorienta, con puerta chirriante y abandonada de la mano de Dios, una que sin duda tendría una interesantísima historia personal, estaba el maldito cajón. Lo abrió, con algo de ruido. Pero no importaba. Atacaban los bárbaros. La ley. La propiedad privada. Todo, al garete.

El ruido era enmascarado por el de un mortero en pagos cercanos. Con un leve temblor, el Narrador inspeccionó. Sólo habían papeles. Se sentó en una incómoda silla y empezó a leer. Había un nexo. Había una historia. Había un sentido. Ahí había una posible novela, un bombazo. Para la quincuagésima página, ya le parecía la mejor que había leído nunca. Bajó por un instante. Vio. Leyó dificultosamente el buzón. Dedujo su nombre. Anotó. Salió, esquivando balas. Acabó en lo ignoto.

Eones más tarde, ya sin bárbaros, la obra sería traducida al vigésimo quinto idioma, reciclando los elogios del siempre. El provecto Narrador, a las puertas de la muerte, sonreía modestamente, como si no hiciera justicia con tal alhaja.

Sin embargo, en sus entrañas sabía muy bien lo que se había hecho.

Sonreía más.

El hombre que publicaba una vez al año

octubre 15, 2014

En las lejanas estepas, Dios sabe dónde, estepas que fueron apenas exploradas por grupúsculos aislados de zalomaths, todos ellos más que muertos frente al primer alud, una solitaria cabaña se rehacía constantemente frente a las inclemencias, todavía en boga por estos lares. Ahí moraba un hombre, el Autor, que había conseguido llevar la civilización lejos, transportando cables variados ahí, con sus ahorros. De aquel hombre no se le conocía mucho más, salvo que publicaba algún texto una vez al año. Sus razones tendría, porque no cabe dudar de la flaqueza de sus ocios ahí.

Lo que publicaba era de una excepcionalidad patente, una prosa igualada poquísimas veces y un talento narrativo sin par incluso comparándolo con la mayoría de los premiados literarios. La Gente aprendió a convivir con su extraña periodicidad, porque se abalanzaban frente a nuevos renglones, saliendo a continuación interpretaciones de todo jaez, hasta formar una extraña literatura, de estilo talmúdico, que excedía en tamaño a todo lo que hubiera podido escribir el Autor y que circulaba por una multiplicidad de mentideros.

Era un círculo misterioso muy frágil. Con que el autor publicara, por accidente, algo nuevo con menos de nueve meses de diferencia, todo se hubiera descoyuntado, habría menos razones para la metanarrativa y se abrirían las puertas del infierno a la vulgaridad. Absurdas hipótesis, pero la ficción debía seguir.

Aquel hombre seguiría publicando en años distintos. Hasta que una inclemencia incontrolable… y entonces, una rutina sempiterna se revelaría como una simpática motita dentro del tiempo cósmico, una brevísima anécdota.

Bifumania S.A.

junio 15, 2012

Por Hernando Kelly Crichett

Hoy en día parece que esté de moda fragmentar España. Lo que hubiera sido un escándalo hace pocas décadas no lo es hoy: ya hay 137 microestados, siendo Sakonia-Kelloggs la que abrió el camino. Se suceden las historias de éxito, a la vez que los fallos se olvidan pronto. Yo, haciendo de memoria colectiva, intentaré señalar uno de estos fracasos. La madre de todos. Desde entonces, el ritmo de declaración de microestados se ha aminorado bastante y no parece muy probable que vaya a pasar de doscientos.

Bifu se convirtió en un mito en Coria del Río. Reclutó primero a casi todos los que no eran provectos y se fue haciendo conocido, obteniendo fama y aceptación poco a poco. Consiguió unir a todas las comunidades de la zona en el plazo de unos pocos años, al mismo tiempo que desarrollaba su bitácora (y futura empresa), Bifumania. Se larvaba un culto a la personalidad que se consumó unos años más tarde, cuando obtuvo la alcaldía del pueblo por mayoría absoluta (más del 95% de los votos), presentándose como candidato independiente. Tenía una base social para rato. Y aprovechó. Optó por apropiarse de todo el suelo del pueblo y empezó derribando los edificios abandonados para no levantar sospechas. Al mismo tiempo, desarrollaba en la práctica sus ideas.

Se cambió el sistema educativo por uno más propagandístico y acorde a la escuela libre Padeia. Se fomentó la educación entre los adultos. Por otro lado, Bifumania se convirtió en una megacorporación. Bifu, para ello, ordenó durante dos décadas el derribo de toda Coria del Río para construir la megasede en donde se alojaría Bifumania S.A. y, por consiguiente, todo el pueblo (ahora vivirían encerrados en dos gigantescos edificios de cristal con un gran puente que los conectaría, a temperatura siempre adecuada, si obviamos la tercera queja más frecuente, que si hacía mucho calor o frío). Dichos edificios poseían varias secciones que podían ser derrumbadas rápidamente. Cada una de ellas era independiente, aunque estuviera conectada con las otras en cada planta por galerías de cristal.

Sus ideas anarcocomunistas se desarrollaron en Bifumania, donde se impuso un sistema educativo libertario mejorado y un sistema que daba libertad responsable a cada uno, a su vez que castigaba los excesos. Proporcionaba vivienda a todo el mundo, 90 metros cuadrados para cada uno independientemente de sus características.

Todo ciudadano, al detectar diversas máquinas cómo abría los párpados, era bendecido con las Bifunoticias, que exponían películas y estadísticas sin contexto. Por cierto, no eran ciudadanos. Eran bifupersonas con una carta propia de derechos y obligaciones humanas, al margen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Había hospitales en cada sección. Tiendas con precios plenamente subsidiados.

Bifu se excusó en que en su sociedad no existían jerarquías, que él era sólo uno de los ordenadores de la sociedad para evitar caos. Asimismo, también hacía el papel de la policía, velando por el bien común. Y esta vez dijo que lo hacía de verdad. Bueno, quizás abusó del poder: contrató a un séquito de ordenadores. No obstante, asegura él que el proceso fue igualitario y democrático.

Un día, ante sus ojos, se consumó su ideal anarcocomunista. Y devino en tragedia, cuando sucedió en la Sección 5 un motín violento entre canis. Bifu optó por hacer derrumbar la Sección 5, pues no halló otro modo de resolver eso. Tenía una interpretación capiciosa de lo radical.

Eso generó unas protestas que en poco tiempo pasaron a mayores. Fue la primera y última dificultad seria de Bifu, pues optó por cargarse a un mogollón presionando al azar botones de diversas secciones. Al final derrumbó su sección y… sobrevivió. Sus superviventes emigraron. Unos reconstruyeron la vieja Coria, que se referirá más adelante. Otros se fueron al resto de España y Europa.

En esta obra maestra de ingeniería social, había una sección de la vieja Coria, olvidada por Bifu, que aguantaba. Unos edificios desvencijados y mantenidos con medios precarios. Es la parte de la Coria que resiste a la Corporación, si me permiten la epopeya. Bifu había comprado las vidas del 75% de los ciudadanos de esa zona, el 25% restante se ha negado. Un cuartil que sería recompensado con migrantes cuando el caos en Bifumania.

De esta semilla, nació una nueva Coria igual de fuerte y fea que, por unanimidad, se volvió a anexionar a España. Hasta Bifu, convaleciente, emigró. Y se encontró con una fracción de sus derechos: era persona non grata.