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Bifumania S.A.

junio 15, 2012

Por Hernando Kelly Crichett

Hoy en día parece que esté de moda fragmentar España. Lo que hubiera sido un escándalo hace pocas décadas no lo es hoy: ya hay 137 microestados, siendo Sakonia-Kelloggs la que abrió el camino. Se suceden las historias de éxito, a la vez que los fallos se olvidan pronto. Yo, haciendo de memoria colectiva, intentaré señalar uno de estos fracasos. La madre de todos. Desde entonces, el ritmo de declaración de microestados se ha aminorado bastante y no parece muy probable que vaya a pasar de doscientos.

Bifu se convirtió en un mito en Coria del Río. Reclutó primero a casi todos los que no eran provectos y se fue haciendo conocido, obteniendo fama y aceptación poco a poco. Consiguió unir a todas las comunidades de la zona en el plazo de unos pocos años, al mismo tiempo que desarrollaba su bitácora (y futura empresa), Bifumania. Se larvaba un culto a la personalidad que se consumó unos años más tarde, cuando obtuvo la alcaldía del pueblo por mayoría absoluta (más del 95% de los votos), presentándose como candidato independiente. Tenía una base social para rato. Y aprovechó. Optó por apropiarse de todo el suelo del pueblo y empezó derribando los edificios abandonados para no levantar sospechas. Al mismo tiempo, desarrollaba en la práctica sus ideas.

Se cambió el sistema educativo por uno más propagandístico y acorde a la escuela libre Padeia. Se fomentó la educación entre los adultos. Por otro lado, Bifumania se convirtió en una megacorporación. Bifu, para ello, ordenó durante dos décadas el derribo de toda Coria del Río para construir la megasede en donde se alojaría Bifumania S.A. y, por consiguiente, todo el pueblo (ahora vivirían encerrados en dos gigantescos edificios de cristal con un gran puente que los conectaría, a temperatura siempre adecuada, si obviamos la tercera queja más frecuente, que si hacía mucho calor o frío). Dichos edificios poseían varias secciones que podían ser derrumbadas rápidamente. Cada una de ellas era independiente, aunque estuviera conectada con las otras en cada planta por galerías de cristal.

Sus ideas anarcocomunistas se desarrollaron en Bifumania, donde se impuso un sistema educativo libertario mejorado y un sistema que daba libertad responsable a cada uno, a su vez que castigaba los excesos. Proporcionaba vivienda a todo el mundo, 90 metros cuadrados para cada uno independientemente de sus características.

Todo ciudadano, al detectar diversas máquinas cómo abría los párpados, era bendecido con las Bifunoticias, que exponían películas y estadísticas sin contexto. Por cierto, no eran ciudadanos. Eran bifupersonas con una carta propia de derechos y obligaciones humanas, al margen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Había hospitales en cada sección. Tiendas con precios plenamente subsidiados.

Bifu se excusó en que en su sociedad no existían jerarquías, que él era sólo uno de los ordenadores de la sociedad para evitar caos. Asimismo, también hacía el papel de la policía, velando por el bien común. Y esta vez dijo que lo hacía de verdad. Bueno, quizás abusó del poder: contrató a un séquito de ordenadores. No obstante, asegura él que el proceso fue igualitario y democrático.

Un día, ante sus ojos, se consumó su ideal anarcocomunista. Y devino en tragedia, cuando sucedió en la Sección 5 un motín violento entre canis. Bifu optó por hacer derrumbar la Sección 5, pues no halló otro modo de resolver eso. Tenía una interpretación capiciosa de lo radical.

Eso generó unas protestas que en poco tiempo pasaron a mayores. Fue la primera y última dificultad seria de Bifu, pues optó por cargarse a un mogollón presionando al azar botones de diversas secciones. Al final derrumbó su sección y… sobrevivió. Sus superviventes emigraron. Unos reconstruyeron la vieja Coria, que se referirá más adelante. Otros se fueron al resto de España y Europa.

En esta obra maestra de ingeniería social, había una sección de la vieja Coria, olvidada por Bifu, que aguantaba. Unos edificios desvencijados y mantenidos con medios precarios. Es la parte de la Coria que resiste a la Corporación, si me permiten la epopeya. Bifu había comprado las vidas del 75% de los ciudadanos de esa zona, el 25% restante se ha negado. Un cuartil que sería recompensado con migrantes cuando el caos en Bifumania.

De esta semilla, nació una nueva Coria igual de fuerte y fea que, por unanimidad, se volvió a anexionar a España. Hasta Bifu, convaleciente, emigró. Y se encontró con una fracción de sus derechos: era persona non grata.

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